Garupá, el trío que encontró en Ramón Ayala un puente entre tradición y presente

Joel Tortul, Julián Venegas y Homero Chiavarino pasaron por Corrientes en el marco de una gira que tuvo presentaciones en la Capital y Bella Vista.

En diálogo con RadioNord, los músicos hablaron de la profunda influencia de Ramón Ayala, la necesidad de recuperar la dimensión de su legado y las dificultades que enfrentan los artistas para encontrar espacios donde desarrollar nuevas propuestas. También analizaron el presente del folklore, las nuevas generaciones y el fenómeno de las plataformas digitales.

Hay artistas cuya obra continúa creciendo mucho después de haber sido escrita. Canciones que cambian de intérpretes, atraviesan generaciones y encuentran nuevos sonidos sin perder aquello que las hizo únicas. Para Garupá, buena parte de ese universo tiene un nombre inevitable: Ramón Ayala.

La extensa conversación fue mucho más allá de la música: habló de memoria, identidad, creación, folklore, nuevas generaciones y de la necesidad de generar espacios para que los artistas puedan experimentar y construir público.

Tres músicos y una mirada diferente sobre el Litoral

Garupá está integrado por Joel Tortul en piano; Julián Venegas en voz, guitarra y percusión; y Homero Chiavarino en acordeón y voz.

Desde esa formación, el grupo propone una lectura contemporánea de la música del Litoral, transitando géneros como el chamamé, la galopa, el gualambao y el rasguido doble, pero sin encerrarse dentro de fronteras musicales rígidas. En sus arreglos aparecen también elementos del folklore argentino, el tango y la música ciudadana.

Esa libertad resulta fundamental para comprender la propuesta: Garupá no intenta reproducir literalmente las canciones del pasado, sino acercarse a ellas desde el presente.

Y en ese camino encontró en Ramón Ayala un territorio prácticamente inagotable.

Ramón Ayala, el punto de encuentro

Antes de conformar Garupá, sus tres integrantes ya transitaban diferentes proyectos y, de una u otra manera, las canciones del creador misionero formaban parte de sus repertorios.

“Cada uno venía en sus proyectos particulares reversionando obras de Ramón. Era inevitable: Ramón estaba en los cancioneros de cada uno, en las guitarreadas e incluso en grabaciones nuestras”, contaron en RadioNord.

Por eso, cuando apareció la posibilidad de reunirse alrededor de aquella obra, prácticamente no hubo discusión.

“Cuando se nombró Ramón Ayala como posibilidad para que nos juntara a los tres y hagamos nuestra propia interpretación de su obra, no hubo dudas. Fue un denominador común muy generoso y muy amoroso entre los tres”, recordaron.

Garupá comenzó su recorrido en 2022 y aquel encuentro rápidamente se convirtió en un proyecto con identidad propia.

Ese mismo año apareció “Canciones del Mensú”, su primer álbum, dedicado enteramente a la obra de Ramón Ayala.

Tres años después llegó “El viejo río que va” (2025), segundo trabajo discográfico del trío, registrado en vivo en el Teatro El Círculo de Rosario. El material amplió el recorrido iniciado con el primer disco y acompañó una etapa de crecimiento que llevó al grupo por diferentes regiones de la Argentina y también a realizar giras internacionales por Europa.

“Fue rápido todo. Nosotros pensamos en el trío y parece que ya hace veinte años que estamos tocando juntos”, bromearon durante la entrevista.

Canciones que todavía hablan del presente

Uno de los aspectos que más sorprende a Garupá es la extraordinaria vigencia social de las composiciones de Ramón Ayala.

El trío destacó especialmente aquella mirada del músico misionero sobre los trabajadores, la explotación y las desigualdades que observaba en su tierra. El Mensú, compuesta hacia finales de la década del 50, aparece como uno de los ejemplos fundamentales de esa vertiente.

“Había cosas que todavía no se decían o de las que no se hablaba”, señalaron al recordar cómo Ayala llevó esas realidades a la canción popular.

Para los músicos, allí reside una de sus grandes virtudes: podía hablar de la naturaleza, el río y el paisaje sin separar esa belleza de las personas que habitaban ese territorio.

“Ramón no se quedó solamente con la parte más poética, bucólica y paisajística. También decía: ‘acá en el Norte la gente se está muriendo, los hacheros viven en condiciones infrahumanas’”, reflexionaron.

Su obra, además, desbordó las fronteras del chamamé. Exploró diferentes expresiones del folklore argentino y construyó un lenguaje absolutamente personal, con el gualambao como una de sus creaciones más reconocibles.

“Todavía falta poner a Ramón en la mesa”

Pese al reconocimiento alcanzado por Ayala, Garupá considera que todavía existe una enorme porción de su producción artística que necesita ser descubierta por el gran público.

“Así como Atahualpa, el Cuchi Leguizamón, Tejada Gómez, Gardel y otros han tenido discos u homenajes, creo que Ramón todavía no ha sido puesto tan en la mesa como esos artistas”, plantearon.

Y agregaron: “Hacía falta que Ramón empiece a estar un poco más difundido. Hay un montón de grabaciones de él, pero falta más y hay mucho más por hacer”.

La dimensión de ese legado quedó todavía más clara para los integrantes del grupo después de visitar la casa del artista y conocer parte del material conservado por María Teresa, su compañera.

Allí encontraron cuadernos, composiciones terminadas e inconclusas, pinturas y numerosas expresiones de una creatividad que excedía ampliamente la música.

“Es imposible contar la obra de Ramón. Es un montón”, resumieron.

Un artista al que “no le alcanzaban las vidas”

Ese acercamiento permitió a Garupá encontrarse también con el artista plástico, escritor y creador incansable que existía detrás del compositor de algunas de las canciones fundamentales del Litoral.

“A Ramón uno lo tiene como un gran músico popular, como uno de los grandes compositores, pero fue un artista plástico, un pintor. La cantidad de cosas que vimos hechas por Ramón y las que están diseminadas por todos lados… no te alcanzan las vidas para hacer lo que hizo”, señalaron.

Una anécdota resume, para el trío, aquella búsqueda permanente de originalidad: la particular guitarra de diez cuerdas utilizada por Ayala.

Uno de los músicos pudo tenerla entre sus manos durante la visita y comprobó la dificultad de tocarla. Al preguntarle a María Teresa por qué Ramón había elegido semejante instrumento, recibió una respuesta que sintetizaba buena parte de su personalidad: quería ser único.

Detrás de aquella singularidad, remarcaron, existió también una vida de enorme trabajo.

“Nadie le regaló nada, ni siquiera el destino. Ramón la vivió, la creó, la hizo. Tuvo sus exilios, sus viajes, sus idas y sus venidas, inventándose su vida y creándose nuevas vidas”, expresaron.

De la belleza del paisaje a la realidad del trabajador

Para Garupá, otra de las claves de Ayala fue encontrar belleza sin desentenderse de la realidad.

En sus canciones convivieron el río, los pájaros, la selva y el paisaje misionero con los mensúes, cosecheros, hacheros y trabajadores.

Esa mirada lo conectó también con grandes movimientos de renovación de la canción latinoamericana.

Los integrantes del trío recordaron su participación en el movimiento del Nuevo Cancionero, surgido durante la década del 60, y destacaron que Ayala formó parte de una generación que entendía a la música popular como una herramienta capaz de trascender las fronteras regionales.

Para Garupá, esa capacidad de unir territorio, poesía y problemática social es precisamente una de las razones por las que aquellas composiciones continúan funcionando varias décadas después.

La preocupación por los espacios para tocar

La conversación en RadioNord también abrió un debate que atraviesa a buena parte de la escena cultural: la falta de lugares donde los músicos puedan presentarse regularmente.

Para Garupá, el problema no pasa únicamente por conseguir un escenario. Los espacios culturales cumplen una función esencial para que aparezcan nuevas canciones, nuevos intérpretes y nuevos públicos.

“A veces a los músicos y a los trabajadores del chamamé se les hace un poco cuesta arriba la cosa”, reconocieron.

Y dejaron una pregunta contundente: “¿Cómo se hace música nueva si no tenemos el lugar de experimentación, donde uno puede ir a probar cosas y generar público?”

En ese sentido, destacaron especialmente el esfuerzo de quienes sostienen salas independientes y abren sus puertas a diferentes expresiones artísticas.

Porque sin escenarios donde probar, equivocarse, encontrarse con otros músicos y construir audiencia, la renovación de cualquier género se vuelve mucho más difícil.

Milo J y una generación que vuelve a mirar hacia atrás

Otro momento interesante de la conversación llegó cuando se planteó qué sucede actualmente con la integración entre generaciones y géneros dentro de la música argentina.

Garupá puso como ejemplo el fenómeno de Milo J y su acercamiento al folklore.

“Está mirando mucho para atrás, en el buen sentido, a ver qué lo precedió”, destacaron.

Para el trío, resulta valioso que un artista con llegada masiva entre los jóvenes reconozca el cancionero anterior, reivindique a sus maestros y lo combine con sonidos contemporáneos.

“Le da valor a lo de antes, le da valor a lo de ahora y hace su mejor mezcla para hablarle a las nuevas generaciones”, señalaron.

Sin embargo, también plantearon una advertencia: no debería depositarse sobre un solo artista la responsabilidad de “salvar” al folklore.

Por debajo de los grandes nombres, remarcaron, existe una enorme cantidad de músicos trabajando y sosteniendo proyectos que muchas veces quedan fuera de las grandes vidrieras.

“Yo no le creo del todo a Spotify”

Garupá también relativizó las estadísticas de reproducciones digitales como única medida para determinar la salud de un género.

“Yo no le creo del todo a Spotify”, lanzó uno de sus integrantes durante el intercambio.

No porque las reproducciones sean inexistentes, aclararon, sino porque una cifra en una plataforma no necesariamente refleja la existencia de una verdadera comunidad cultural.

El trío recordó que durante otras décadas determinadas canciones surgidas de festivales como Cosquín conseguían atravesar prácticamente toda la sociedad argentina. Las conocían incluso personas que habitualmente escuchaban rock, cumbia u otros géneros.

Hoy, consideran, esa circulación está mucho más fragmentada.

Para ellos, el folklore sigue teniendo su prueba más importante fuera de las pantallas: cuando las personas se encuentran alrededor de la música.

“Lo real es que haya diez, cien o diez mil personas. Por supuesto uno quiere más, pero eso es lo que ves, lo tangible y lo que se transmite”, reflexionaron.

Mirar hacia atrás para seguir creando

A cuatro años de su nacimiento, Garupá encontró en Ramón Ayala mucho más que un repertorio.

Encontró un punto desde donde mirar hacia atrás para poder crear hacia adelante.

De hecho, sus integrantes reconocieron que sumergirse en aquel universo no solamente los llevó a reinterpretar canciones, sino también a volver a componer música propia.

“Ramón fue un inspirador para que nosotros nos pongamos no solamente a cantar sus canciones, sino también a componer”, señalaron en RadioNord.

Quizás allí esté una de las claves del proyecto: no interpretar a Ramón Ayala como una pieza de museo ni convertir su legado en un ejercicio de nostalgia.

Garupá parte de aquellas canciones para hacerlas dialogar con músicos, públicos y problemáticas del presente. Y en ese movimiento demuestra que una tradición permanece viva precisamente cuando puede transformarse.

Porque mientras la obra de Ramón Ayala siga siendo cantada, discutida, reinterpretada y descubierta por nuevas generaciones, el viejo río seguirá corriendo.

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