Blas Martínez Riera habló del nuevo chamamé: “Hay que aprender a convivir, están ahí y no los vas a sacar”

El músico dialogó con Radionord sobre su nueva etapa como asesor de repertorio y director artístico de proyectos especiales para EMI Records, donde trabaja en la recuperación de grabaciones históricas. Habló de los archivos de Tránsito Cocomarola y Ernesto Montiel, defendió la preservación del patrimonio musical y dejó su mirada sobre el llamado “chamacumbia”: “A mí no me gusta, pero si a la gente le gusta, hay que respetarlo”. También cuestionó las críticas hacia los nuevos artistas y recordó la polémica que involucró a Los Nocheros y Bocha Sheridan.

Hay discos que permanecen durante décadas guardados en una estantería. Cintas originales que acumulan polvo, grabaciones que alguna vez fueron parte fundamental de la cultura popular y que, con el paso del tiempo, corren el riesgo de transformarse simplemente en nombres dentro de un inventario.

Para Blas Martínez Riera (hijo), ingresar a esos archivos no significa solamente trabajar con un catálogo discográfico. Significa encontrarse cara a cara con una parte de la historia de la música argentina.

El músico atraviesa una nueva etapa profesional como asesor de repertorio y director artístico de proyectos especiales para EMI Records, subsidiaria de Universal Music Group, una tarea desde la cual trabaja en la identificación, recuperación y puesta en valor de grabaciones históricas.

En diálogo con Radionord 97.3, Martínez Riera contó detalles de esta faceta que, según explicó, en realidad tiene mucho de continuidad con una pasión que lo acompaña desde muy joven.

“Estoy muy contento. En realidad no es de ahora, yo hice esto toda la vida. Lo que pasa es que ahora la compañía me convenció de hacer una publicación”, señaló.

Entrar al archivo y encontrarse con Cocomarola y Montiel

La curiosidad por los discos, los sellos y las grabaciones nació temprano. Con los años, aquella inquietud terminó convirtiéndose en conocimiento especializado sobre derechos, catálogos, fonogramas y archivos musicales.

Una de las experiencias que más lo impactó fue acceder a los depósitos donde se conserva material histórico de artistas fundamentales.

“¿Sabés lo que fue abrir los másters de Cocomarola, de Montiel? Todo apolillado. Cintas físicas, las originales”, relató a Radionord.

La referencia involucra a dos nombres esenciales para comprender la historia del chamamé: Tránsito Cocomarola y Ernesto Montiel. Para Martínez Riera, encontrarse con aquellas cintas también dejó al descubierto un problema: una parte considerable del patrimonio musical argentino permanece dentro de enormes catálogos internacionales sin que necesariamente quienes administran esas compañías conozcan su verdadero valor cultural.

Su misión comienza, precisamente, allí.

“Lo que estoy haciendo es recapitular un montón de catálogos, principalmente música perdida”, explicó.

El trabajo requiere revisar qué grabaciones existen, establecer en qué condiciones se encuentran, reconstruir discografías y analizar situaciones contractuales y de derechos que, después de varias décadas, pueden resultar extremadamente complejas.

Y no todo pasa por el chamamé. En ese recorrido aparecen también figuras de diferentes vertientes del folclore argentino, algunas con parte de su obra prácticamente olvidada por las nuevas generaciones.

“Lo hago también por gusto, porque me gusta la música. Trato de hacer, creo, un mínimo aporte a la cultura y principalmente al chamamé”, sostuvo.

Una pasión que nació alrededor de los discos

Martínez Riera recordó que uno de los primeros en advertir esa fascinación fue Pelo Aprile, histórico ejecutivo de la industria discográfica argentina que llegó a presidir PolyGram y que había trabajado con su padre.

Según contó, Aprile le dijo cuando todavía era muy joven: “A vos te gusta esto. Vos tenés potencial”.

Aquellas palabras terminaron resultando premonitorias.

Actualmente, Martínez Riera también desarrolla tareas de consultoría vinculadas con catálogos discográficos a través de su propia productora, un trabajo que intensificó durante la pandemia y que hoy complementa con su actividad artística.

“Me lleva muchas horas, no es pavada”, reconoció. Y aclaró que detrás de la tarea existe un equipo: “Tengo cuatro personas que trabajan para mí, para mi grupo y mi empresa”.

La búsqueda tiene además una dimensión personal. El músico destacó que posee gran parte del catálogo de grabaciones de su padre, algo que considera excepcional dentro de una industria donde históricamente los derechos sobre los másters quedaron muchas veces en manos de los sellos.

El chamamé que cambia y una discusión que incomoda

La conversación con Radionord también avanzó hacia uno de los debates que atraviesan actualmente al género: la incorporación de sonidos tropicales y comerciales, fenómeno denominado popularmente como “chamacumbia”.

En ese escenario aparecen artistas y grupos como Sele Vera, Los Príncipes de Misiones, Piko Frank y Cristian Herrera, que han construido públicos numerosos y, al mismo tiempo, generado cuestionamientos desde sectores más tradicionalistas.

Martínez Riera no esquivó la discusión.

“¿Si me gusta? A mí no me gusta”, respondió. Pero inmediatamente introdujo una diferencia fundamental entre el gusto personal y la realidad cultural.

“Hay que aprender a convivir con esa gente. Ya está, están ahí. No los vas a sacar”, afirmó.

Y fue todavía más claro: “Hay una cosa que es indiscutible: a la gente le gusta. Y si a la gente le gusta, lo tenés que respetar”.

Para el músico, negar la existencia de esas expresiones o intentar expulsarlas simbólicamente del universo chamamecero no modificará un fenómeno que ya cuenta con su propio público.

Puso como ejemplo a Los Príncipes de Misiones, una formación joven que viene creciendo dentro del circuito.

“Son divinos los pibes, yo los conozco. Siguen tocando, siguen ganando plata, les va bien, son re jóvenes y les va a ir cada vez mejor”, expresó.

Sele Vera y una carrera que reconoce más allá de sus diferencias

Martínez Riera también se refirió a Sele Vera, con quien mantiene relación dentro del ambiente discográfico.

“Yo la felicito por su carrera. Me parece que tiene una carrera hermosa”, señaló.

Eso no significa que comparta todas sus decisiones artísticas. Según reconoció, modificaría buena parte de la propuesta musical de la cantante si dependiera de su criterio como productor.

Sin embargo, volvió a marcar la misma frontera: una cosa es el gusto artístico y otra, desconocer lo que sucede con el público.

Para Martínez Riera, allí aparece uno de los grandes desafíos del chamamé contemporáneo: cómo preservar su identidad sin convertir esa defensa en una barrera contra las nuevas expresiones populares.

“Una cosa es cultura y otra es negocio”

El músico planteó además otra discusión que considera mucho más profunda: la tensión permanente entre las decisiones culturales y las comerciales.

“Hay una diferencia entre cuando vos querés hacer algo en pos de la cultura y la otra cara de la moneda, cuando realmente querés hacer un negocio”, reflexionó.

Según su mirada, muchas discusiones que se presentan públicamente como debates sobre identidad, tradición o defensa del género terminan atravesadas también por intereses económicos, contrataciones, festivales y posicionamientos dentro de la industria.

Martínez Riera consideró que esas contradicciones deberían sincerarse.

“Esa vueltita de rosca yo ya la vengo viendo hace 30 años”, lanzó.

Los festivales y la necesidad de mezclar lo popular con otras propuestas

En otro tramo de la entrevista habló sobre República del Folklore, el proyecto festivalero impulsado alrededor de Soledad Pastorutti, y reveló que existieron conversaciones para su participación.

Más allá de algunas diferencias respecto de la programación, destacó el concepto general del encuentro.

“La idea del festival está buena”, reconoció.

Sin embargo, planteó que los grandes nombres capaces de vender entradas deberían convivir con artistas de menor convocatoria pero de importancia cultural.

Como ejemplo mencionó lo que sucede en la Fiesta Nacional del Chamamé de Corrientes, donde una misma noche puede combinar figuras masivas con propuestas menos comerciales.

Para Martínez Riera, justamente esa convivencia permite que un festival no sea únicamente una sucesión de nombres convocantes, sino también una vidriera cultural.

La polémica con Los Nocheros: “Sigue estando mal”

La charla derivó también hacia una controversia que dejó heridas en el ambiente chamamecero: las declaraciones realizadas por integrantes de Los Nocheros y la reacción que provocaron en Corrientes, especialmente por el cruce relacionado con Bocha Sheridan.

Martínez Riera fue categórico.

“Para mí sigue estando mal. Esa gente, el día que vaya de vuelta a Corrientes, tendría que decir: ‘Disculpen por lo que dije la otra vez’”, sostuvo.

Más allá de la controversia, aprovechó para reivindicar especialmente la trayectoria de Sheridan, con quien compartió numerosos escenarios.

“Yo al Bocha lo amo. Con mi hermano hemos tocado cientos de festivales con él”, recordó.

Y ubicó al músico correntino en un lugar privilegiado dentro de la escena actual.

“Hoy en día el Bocha es una palabra autorizada y me parece que es una de las voces masculinas más representativas que tiene Corrientes”, afirmó.

Incluso consideró que Sheridan supo ocupar naturalmente un espacio de referencia que se fue abriendo a medida que Mario Bofill redujo su presencia sobre los escenarios.

“No digo que vino a rellenarlo. Hizo su propio espacio, con su forma, su carisma, y lo súper merece”, aclaró.

De los viejos másters al chamamé que viene

Entre cintas originales, contratos, archivos olvidados, nuevos artistas y discusiones sobre los límites del género, Martínez Riera parece moverse entre dos tiempos.

Por un lado, trabaja para evitar que una parte de la historia musical argentina quede enterrada dentro de los depósitos de las grandes compañías. Por otro, observa un presente en el que el chamamé se mezcla, muta y genera discusiones acerca de hasta dónde puede transformarse sin perder su identidad.

Para él, ambas cuestiones pueden convivir.

Preservar a Cocomarola y Montiel no significa necesariamente negar a quienes hoy incorporan otros sonidos. Y aceptar que existen nuevas expresiones tampoco implica abandonar la memoria del género.

Tal vez por eso su nueva función dentro de la industria discográfica encuentra un punto de contacto con aquello que viene haciendo desde hace décadas sobre los escenarios: mirar hacia atrás para recuperar lo que no debería perderse, pero sin dejar de observar hacia dónde está caminando la música popular.

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