Esteban Dipaola, sociólogo e investigador del CONICET, analizó el avance de las inteligencias artificiales y alertó sobre las consecuencias de delegar capacidades cognitivas y reflexivas en los algoritmos.
El avance de la inteligencia artificial genera debates sobre sus efectos en la sociedad y sobre la posibilidad de que los sistemas lleguen a tomar decisiones que históricamente correspondieron a los seres humanos. En diálogo con Radionord, el sociólogo e investigador del CONICET Esteban Dipaola sostuvo que el foco no debería estar únicamente en la competencia entre humanos y máquinas, sino en cómo estas tecnologías ya están modificando las formas de pensar y procesar información.
“Lo que estamos viviendo con la inteligencia artificial es ver las generativas, ahora con las agénticas, mucho más evolucionadas”, explicó Di Paola. Según el especialista, el problema aparece cuando las personas comienzan a delegar capacidades que antes requerían reflexión e interacción con otros seres humanos. “Estamos delegando capacidades que en principio eran más reflexivas, que eran de posibilidades colectivas, emocionales, y todo lo que hemos dicho del carácter ético del ser humano”, afirmó.
El investigador también planteó un riesgo para la democracia y las relaciones sociales si los algoritmos terminan reemplazando la capacidad de reflexión individual y colectiva. “Si todas nuestras capacidades de reflexión cognitiva son reemplazadas por las emociones que el algoritmo distribuye, entonces lo que hace el algoritmo de inteligencia artificial es empezar a tomar decisiones”, advirtió. Y agregó: “Todos terminaríamos pensando lo mismo y eso es el peligro para la existencia humana, para la democracia”.
Dipaola diferenció las inteligencias artificiales generativas de las denominadas agénticas y señaló que estas últimas representan un desafío mayor debido a su capacidad de actuar con menor intervención humana. “La no utilización de las capacidades cognitivas”, sostuvo, constituye uno de los principales riesgos. En ese sentido, alertó que el uso creciente de estas herramientas podría generar “un proceso lento e insidioso” de desplazamiento de las capacidades humanas, con consecuencias profundas para la sociedad.




