Vínculos humanos: La IA y las redes generan aislamiento y pasividad

En declaraciones a Nord24, el operador en psicología social Federico Aramayo recuperó el concepto de adaptación activa a la realidad de Pichon-Rivière y alertó sobre los efectos de la tecnología y la inteligencia artificial en los vínculos y la subjetividad.

“Enrique Pichon-Rivière es uno de los referentes más importantes y por algunos llamado también el padre de la psicología social argentina. Él desarrolla un concepto muy clave que me parece importante para esta época en la que estamos viviendo que es la adaptación activa a la realidad”, señaló Federico Aramayo en declaraciones a Nord24. El operador en psicología social explicó que “la salud mental no consiste en que el sujeto deba aceptar pasivamente la realidad en la que vive, sino por el contrario tener un rol más activo ante esta realidad que se le presenta, comprenderla, cuestionarla, aprender de ella y a partir de este proceso transformarla”. Esa mirada crítica, precisó, se asienta en una idea central: “El sujeto es un ser social de por sí. Se constituye y se desarrolla en relación con otros sujetos dentro de grupos y comunidades en donde están atravesados por normas, valores, principios y obviamente los vínculos, los vínculos humanos”.

Aramayo trasladó ese marco conceptual al escenario actual: “En la sociedad actual vemos que nuestra realidad está atravesada por algo en todos los ámbitos: la tecnología y hoy en día particularmente por la inteligencia artificial. Se presenta en todos los ámbitos de la vida cotidiana como en el trabajo, en la familia, en el tiempo libre y obviamente está modificando, condicionando nuevas formas de comunicarnos”. El impacto es profundo: “Trae como efecto la modificación de nuestra manera de vincularnos y de construir nuestra subjetividad. Los celulares, las redes sociales, los algoritmos permiten una conexión permanente con el otro pero a través de medios tecnológicos. Y esto genera obviamente aislamiento porque ya no hay contacto face to face”. La sobreinformación, sumada a la mediatización tecnológica de los vínculos, produce “que la gente se vuelva un poco más individualista” y propicia “una mirada más sesgada de la vida en torno a la comunidad”.

Esas transformaciones representan un desafío directo para el sujeto social que postula la psicología pichoniana: “Todas estas cuestiones dificultan y representan nuevos obstáculos para el ser social, para el sujeto social en la posibilidad de conocer y de transformar la realidad”, advirtió Aramayo. Y profundizó: “La tecnología va mucho más rápido, los avances tecnológicos parece que ya nos sobrepasan. Esto en cierto punto genera nuevos prejuicios, nuevos bloqueos emocionales y esas resistencias al cambio que lleva a que el ser humano esté un poco más perdido, o reciba pasivamente al ser tan abundante la información y tantas facilidades que tiene, que se reciba pasivamente y está generando un individuo más pasivo y no activo como proponía Pichon-Rivière”. La clave, aclaró, no es rechazar la tecnología: “La adaptación activa no implica que rechacemos absolutamente la tecnología, pero tampoco debemos aceptarla pasivamente”.

El cierre del análisis de Aramayo fue una convocatoria a la conciencia colectiva: “El sujeto, que la gente empiece, que los sujetos en sí tomen conciencia de qué efectos produce esto en nuestros vínculos, en la forma de relacionarnos, qué estamos construyendo y qué estamos perdiendo o ganando como comunidad y hacia dónde estamos yendo como sociedad”. La psicología social, desde su esquema conceptual, “nos invita a tomar conciencia de esta realidad en la que vivimos, cuestionarla y participar activamente para transformarla”. Y frente a la inteligencia artificial, Aramayo fue terminante: “Está bueno saber que podemos usarlas, pero sin perder de vista que seguimos siendo sujetos sociales y que nuestra vida también depende de los vínculos, de la solidaridad y de la construcción colectiva”.

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