Cada 23 de septiembre, Corrientes rinde homenaje a los hombres y mujeres que mantienen viva una de sus mayores expresiones culturales. La fecha fue establecida por la Ley Provincial 6304 y recuerda una de las páginas más dolorosas de la historia del carnaval: la tragedia que sufrió una delegación de Ará Berá en 1978.
Plumas, piedras, lentejuelas, música y baile forman parte de la postal que cada verano transforma a Corrientes. Pero mucho antes de que se enciendan las luces de la avenida existe un universo de personas que durante meses diseña, cose, borda, ensaya, construye y sueña.
Son los comparseros.
En reconocimiento a ellos, cada 23 de septiembre se conmemora en Corrientes el Día del Comparsero, instituido mediante la Ley Provincial Nº 6304, sancionada por la Legislatura correntina en septiembre de 2014.
La elección de la fecha, sin embargo, tiene detrás una historia dolorosa.
La tragedia de 1978
El 23 de septiembre de 1978, integrantes de Ará Berá se dirigían hacia Olavarría para realizar una presentación luego de haber participado de una gira que había llevado el carnaval correntino fuera de la provincia.
El colectivo que transportaba a parte de la delegación sufrió un grave accidente sobre la Ruta Nacional 3, en cercanías de Las Flores, provincia de Buenos Aires.
Ocho personas vinculadas a la comparsa perdieron la vida. La tragedia conmocionó profundamente al carnaval y a toda la sociedad correntina.
El impacto fue tal que Ará Berá decidió no participar del Carnaval de 1979. Durante aquella edición ocurrió uno de los gestos más recordados de la historia de la fiesta: Copacabana interpretó la marcha de su tradicional rival como homenaje a las víctimas.
Décadas después, aquella fecha fue recuperada como símbolo de memoria y reconocimiento.
De la memoria a la celebración
El Día del Comparsero mantiene vivo el recuerdo de quienes perdieron la vida, pero también amplió su significado para convertirse en homenaje a todos aquellos que construyeron y continúan construyendo el carnaval correntino.
Porque comparsero no es solamente quien baila.
También lo son quienes tocan en una batería, confeccionan un traje, diseñan un espaldar, construyen una alegoría, escriben una historia, coordinan un ensayo, integran una comisión o pasan noches enteras trabajando para conseguir que una comparsa llegue finalmente a la avenida.
Son familias completas y generaciones que heredaron colores, canciones y sentimientos de pertenencia.
Por eso cada 23 de septiembre conviven inevitablemente la memoria y la celebración.
Se recuerda una tragedia que marcó para siempre al carnaval correntino y, al mismo tiempo, se reconoce a miles de personas que siguen haciendo posible que cada verano Corrientes vuelva a vivir su fiesta.




