
El consumo de pan y productos panificados atraviesa cambios vinculados al contexto económico y al poder adquisitivo de las familias. Juan Vamvakianos, referente de los panaderos de Corrientes, explicó a Nord24 que un eventual repunte en las ventas no necesariamente representa una mejora en la situación de los hogares, sino una modificación en las cantidades y en las modalidades de compra.
Vamvakianos diferenció entre las panaderías artesanales, orientadas principalmente al consumo de los barrios, y las grandes industrias que producen para una distribución más amplia. En ese sentido, señaló que los consumidores actualmente regulan sus gastos: algunos mantienen la preferencia por determinados productos, pero compran menos cantidad, mientras que otros priorizan opciones de menor precio.
El referente del sector también señaló que las panaderías de barrio enfrentan una estructura de costos que incluye harina, grasas, levadura, alquileres y salarios. Explicó que quienes alquilan los locales tienen una mayor presión sobre sus costos y que, ante la imposibilidad de trasladar todos los aumentos al precio final, los establecimientos buscan compensar las menores ventas de algunos productos con otros, como el chipá.
Además, sostuvo que la transformación de los hábitos de consumo y la expansión de grandes superficies comerciales afectaron a las pequeñas panaderías familiares. Según explicó, los comercios deben adaptarse e incorporar nuevos productos para atraer clientes y sostener su actividad, incluso cuando mantienen una estructura de personal que no puede reducirse proporcionalmente a las variaciones en las ventas.
Respecto de la temporada, Vamvakianos consideró que el sector tuvo un buen desempeño durante el invierno, aunque anticipó una posible reducción del consumo de panificados con la llegada de las temperaturas más altas. “El cuerpo no pide tantas calorías”, explicó al referirse al cambio estacional en la demanda de productos elaborados a base de harina.



