El profesor Sergio Ocampo analizó en Nord24 la diferencia entre los recorridos ideales y las realidades complejas de las aulas.
En el ámbito educativo actual, el análisis del rendimiento escolar exige diferenciar con claridad los recorridos institucionales ideales de lo que verdaderamente sucede dentro de las aulas. En declaraciones a Nord24, el profesor Sergio Ocampo explicó que los especialistas dividen este camino en dos categorías: las trayectorias teóricas y las trayectorias reales. Mientras que las primeras suponen un progreso lineal y perfecto donde el alumno ingresa, no repite, asiste de forma regular y aprueba todo en tiempo y forma, la realidad de las escuelas de nuestra región expone un escenario completamente diferente que obliga a los docentes a trabajar con las vivencias complejas y concretas del alumnado.
El profesor Ocampo advirtió que el verdadero desafío pedagógico radica en alojar y habitar esas trayectorias reales, las cuales se encuentran profundamente atravesadas por complejidades de índole social, económica y subjetiva. Este entramado de factores se traduce en un alto porcentaje de trayectorias discontinuas, cuya interrupción se manifiesta de manera cotidiana a través del ausentismo reiterado, la sobreedad y severas dificultades para consolidar determinados aprendizajes. De acuerdo con el docente, estas problemáticas no representan fallas individuales de los jóvenes, sino que constituyen la expresión escolar visible de realidades familiares y comunitarias sumamente difíciles de abordar.
Frente a esta coyuntura, el educador destacó la potencia de los dispositivos de acompañamiento institucional generados e impulsados por los propios cuerpos docentes dentro de los colegios. Estas herramientas parten de la pedagogía de la diversidad al reconocer que los tiempos de aprendizaje no son uniformes para todo el mundo, implementando estrategias de intensificación, reorganización de contenidos curriculares y articulación de proyectos específicos. Los especialistas definen a este seguimiento efectivo como la infraestructura invisible que sostiene el derecho constitucional a la educación, permitiendo que la escuela actúe como un espacio de contención activa y no como un filtro de exclusión.
Ocampo enfatizó que resulta clave abrir espacios institucionales específicos para ir a buscar de forma activa a aquellos estudiantes que hoy se están alejando del sistema educativo. El proceso requiere poner en valor y acreditar los saberes que los alumnos sí lograron construir a pesar de sus discontinuidades, permitiendo reconfigurar un mapa de ruta pedagógico de cara al tramo final de su ciclo escolar. Asumir que las dificultades forman parte de la realidad cotidiana escolar permite, según el profesor, desarmar la idea de la calificación tradicional como una sentencia definitiva, transformando la evaluación en una herramienta de aprendizaje continuo.




