
Ignacio Contreras, geógrafo e investigador del Conicet, señaló en diálogo con Nord24 que el fenómeno de El Niño ya está confirmado y anticipó que sus principales efectos se sentirían durante el próximo año, con un aumento de las precipitaciones y un mayor riesgo de inundaciones si el evento alcanza una intensidad extrema.
Contreras explicó que, si bien aún no está definido si se tratará de un episodio moderado o severo, la confirmación de El Niño permite prever un año más húmedo de lo habitual. Recordó que tanto 2025 como 2026 ya registraron precipitaciones superiores al promedio y comparó el escenario con el ocurrido entre 2014 y 2015, cuando se alcanzaron cerca de 2.000 milímetros de lluvia anual.
El especialista advirtió que el mayor riesgo aparecería en caso de un evento extremo, ya que podrían registrarse lluvias frecuentes superiores a los 100 milímetros. En ciudades como Corrientes, señaló, precipitaciones de apenas 60 milímetros ya generan anegamientos importantes. Además, aclaró que el impacto del fenómeno no será inmediato, sino que comenzaría a evidenciarse desde fines de diciembre y se intensificaría durante el verano y el otoño, especialmente entre abril y mayo.
Contreras también alertó sobre la posibilidad de que las lluvias extraordinarias coincidan con crecidas de los ríos Paraná y Uruguay, lo que incrementaría el riesgo de inundaciones en localidades ribereñas y zonas bajas de Corrientes y Chaco. En ese sentido, recordó que cerca del 60% del territorio correntino está conformado por humedales, por lo que esteros, bañados, cañadas, lagunas y áreas productivas vinculadas a la ganadería y el cultivo de arroz podrían verse especialmente afectados.
Finalmente, el investigador sostuvo que no hay motivos para generar alarma, aunque sí consideró necesario avanzar en medidas de prevención y planificación. Entre ellas mencionó la preparación de protocolos de evacuación para localidades vulnerables como San Luis del Palmar, Santa Lucía y Santo Tomé, además de sectores de la capital correntina históricamente expuestos a las crecidas del río Paraná. “No hay que alarmarse, pero sí ocuparse”, resumió.



