A 37 años de la tragedia de Bella Vista: la noche en que el Paraná enlutó al chamamé

El 8 de septiembre de 1989 quedó grabado como una de las jornadas más dolorosas de la cultura del Litoral. Un colectivo que trasladaba a una delegación artística perdió los frenos y terminó sumergido en el río Paraná, en Bella Vista. Murieron seis referentes del chamamé y los dos choferes. Treinta y siete años después, sus nombres, canciones y legado siguen atravesando generaciones.

Hay fechas que no necesitan demasiadas explicaciones para provocar un nudo en la garganta. Para el universo chamamecero, el 8 de septiembre de 1989 es una de ellas.

Aquella tarde-noche, Bella Vista fue escenario de una tragedia que trascendió los límites de Corrientes y golpeó profundamente a toda la cultura del Litoral. El Paraná, fuente inagotable de canciones, paisajes e inspiración para generaciones de músicos, se convirtió aquel día en escenario de una pérdida irreparable.

Este martes 8 de septiembre de 2026 se cumplen 37 años de la denominada “Tragedia de Bella Vista”, el accidente en el que murieron ocho personas: seis artistas vinculados estrechamente al chamamé y los dos conductores del colectivo.

Una embajada cultural que soñaba con llegar a Europa

Los músicos formaban parte de una importante delegación artística que había sido reunida con un objetivo ambicioso: representar a Corrientes en un festival internacional en Niza, Francia. La propuesta reunía músicos, cantantes, bailarines y recitadores y buscaba llevar la identidad cultural del Litoral al otro lado del Atlántico.

En ese contexto realizaban presentaciones por distintas localidades. Bella Vista era una de las paradas y aquella noche tenían previsto ofrecer un espectáculo en el Club Juventud.

Antes de la presentación, parte de la delegación pasó por una emisora de la ciudad para promocionar el espectáculo. La propia audioguía histórica de la Municipalidad de Bella Vista reconstruye que trece personas viajaban posteriormente en el micro: diez músicos, dos choferes y un bailarín.

Nada hacía imaginar que aquellos serían los últimos minutos compartidos por varios de ellos.

El colectivo se quedó sin frenos

Luego de abandonar la radio, el grupo emprendió el regreso hacia el lugar donde debía realizarse el espectáculo.

En una bajada hacia la costa, el colectivo sufrió una falla en los frenos. El vehículo atravesó dos curvas, salió de la calle, chocó contra un árbol, rompió las barandas de la Costanera y finalmente cayó a las aguas del Paraná, donde terminó hundiéndose.

La noticia se propagó rápidamente.

Lo que debía ser una noche de música se transformó en uno de los capítulos más trágicos de la historia cultural de Corrientes.

Los seis artistas que el chamamé nunca olvidó

La tragedia se llevó a figuras que atravesaban un momento de enorme creatividad y que representaban diferentes maneras de sentir e interpretar la música del Litoral.

Murieron Zitto Segovia, cantautor chaqueño y referente de una corriente renovadora del género; Joaquín “Gringo” Sheridan, bandoneonista y uno de los fundadores, junto a Julio Cáceres, de Los de Imaguaré; y su hermano Miguel Ángel “Michel” Sheridan, guitarrista y cantante de enorme reconocimiento.

También perdieron la vida Ceferino “Chango” Paniagua, guitarrista y voz del Trío Corrientes; Daniel “Yacaré” Aguirre, recitador y presentador profundamente vinculado al ambiente chamamecero; y Johnny Behr, percusionista que acompañaba musicalmente a Zitto Segovia.

Junto a ellos murieron los dos choferes del colectivo, José Toledo y Walter Blas Gómez, elevando a ocho el número de víctimas fatales.

Por eso, aunque habitualmente se habla de “los ocho de Bella Vista”, es importante hacer una precisión histórica: fueron seis los artistas fallecidos y dos los conductores del vehículo.

Cinco hombres lograron sobrevivir

En medio de aquella desesperante situación hubo quienes consiguieron salir con vida.

Las reconstrucciones históricas identifican como sobrevivientes a Oscar “Cacho” Espíndola, Ricardo “Tito” Gómez, Ricardo Scófano, César González y Carlos Miño.

Para ellos, aquel 8 de septiembre significó una frontera en sus propias vidas.

Años después, Cacho Espíndola resumiría la dimensión de lo ocurrido señalando que hubo “un antes y un después de Bella Vista”.

Una generación atravesada por la tragedia

El impacto no estuvo dado solamente por la cantidad de víctimas. Quienes murieron representaban una generación que estaba escribiendo nuevos capítulos para la música regional.

Zitto Segovia llevaba adelante una búsqueda renovadora desde Chaco; los hermanos Sheridan estaban profundamente ligados a una de las vertientes fundamentales del chamamé correntino; Paniagua aportaba su guitarra y su voz al Trío Corrientes; mientras que Aguirre y Behr completaban una delegación que combinaba tradición con nuevas formas de llevar la cultura litoraleña al escenario.

La conmoción atravesó Corrientes y Chaco y convirtió inmediatamente al accidente en una herida colectiva.

Pero el paso del tiempo produjo algo que aquella noche parecía imposible: la tragedia dejó de ser solamente sinónimo de muerte para transformarse también en memoria y legado.

Flores sobre el Paraná

Cada 8 de septiembre, Bella Vista vuelve simbólicamente a aquella costa.

Frente al sitio donde ocurrió el accidente se levantó un espacio de memoria y los homenajes realizados a lo largo de los años incluyen música, ofrendas florales y uno de los gestos más conmovedores: arrojar flores al Paraná en recuerdo de quienes murieron allí.

La ciudad también denominó “Flores del Alma” a un sector de su Costanera en homenaje a los seis artistas desaparecidos. El nombre retoma una expresión convertida en símbolo del recuerdo chamamecero.

37 años después, el chamamé sigue pronunciando sus nombres

Pasaron casi cuatro décadas. Cambiaron los escenarios, surgieron nuevas generaciones y el chamamé alcanzó lugares que aquellos músicos probablemente soñaban conquistar.

Pero cada 8 de septiembre sus nombres regresan.

Zitto. Michel. Gringo. Chango. Yacaré. Johnny.

No solamente como las víctimas de una tragedia, sino como artistas que dejaron canciones, interpretaciones, historias y una huella que sobrevivió a aquella noche.

A 37 años de la tragedia de Bella Vista, el Paraná sigue corriendo frente a la Costanera. Y el chamamé continúa haciendo aquello que mejor sabe hacer frente a las ausencias: convertir la memoria en música.

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