Según declaraciones a Nord24 del contador Martín Barrionuevo, la CBT trepó 2,2% y la CBA 2,6%, por encima del IPC del 2,1%. Con casi 20% de inflación acumulada y proyección anual cercana al 30%, las familias argentinas recurren cada vez más a bancos, billeteras y financieras para llegar a fin de mes.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) difundió la valorización de las canastas básicas correspondientes a julio de 2026, y los números dibujan un panorama cada vez más complejo para las familias argentinas. Según explicó el contador Martín Barrionuevo en declaraciones a Nord24, un hogar tipo conformado por un varón de 35 años, una mujer de 31, un niño de 6 años y una niña de 8 años necesitó contar con ingresos por $1.564.716 durante el mes pasado para no caer por debajo de la línea de pobreza. Para evitar la indigencia, ese mismo núcleo familiar debió disponer de al menos $708.016, sólo para cubrir sus gastos básicos de alimentación.
La Canasta Básica Total (CBT), que determina el umbral de pobreza, aumentó un 2,2% en julio, acumuló una suba del 19,6% en lo que va del año y registró un incremento interanual del 36,1%. Por su parte, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que marca el límite de la indigencia, tuvo un aumento todavía mayor: 2,6% durante el último mes. En los primeros siete meses del año, la CBA acumuló una suba del 20,1%, mientras que en la comparación interanual avanzó un 37,4%.
El dato adquiere especial relevancia al contrastarlo con la evolución de la inflación. En julio, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) a nivel nacional se aceleró hasta el 2,1%, una cifra ya por encima de lo previsto y empujada por la estacionalidad propia del mes, similar a lo que ocurre en marzo y abril. Sin embargo, la presión sobre los precios fue más intensa en los alimentos: mientras la inflación núcleo —que excluye rubros estacionales y regulados— subió un 1,8%, los alimentos en general lo hicieron un 2%, y los productos de consumo masivo registraron incrementos aún mayores. Como consecuencia, tanto la CBA como la CBT treparon por encima del nivel general de precios.
En la comparación interanual, la brecha es todavía más clara: mientras la inflación nacional acumuló un 33,8%, la CBA escaló un 37,4% y la CBT un 36,1%. Es decir, los bienes y servicios indispensables para no caer en la indigencia o en la pobreza se encarecieron a un ritmo superior al promedio de la economía, castigando con particular dureza a los sectores de menores ingresos.
La valorización del INDEC también permite observar cómo varían los umbrales según la composición familiar. Para un hogar de tres integrantes, la CBA se ubicó en $563.663 y la CBT en $1.245.696. En una familia de cinco miembros, en tanto, la canasta alimentaria alcanzó $744.677 y la canasta total llegó a $1.645.737. En términos individuales, la línea de indigencia para julio se estableció en $229.131 por adulto equivalente, mientras que la línea de pobreza se ubicó en $506.381.
Julio fue, en consecuencia, un mes duro en materia inflacionaria para el gobierno nacional. La administración de Javier Milei había prometido que a esta altura del año la inflación mensual comenzaría con un 0 adelante, y el Presupuesto Nacional preveía una suba anual del 10%. La realidad muestra una distancia abismal con esos objetivos: con casi un 20% de inflación acumulada a siete meses, las proyecciones para el cierre del año ya rondan el 30%.
Este escenario de pérdida de poder adquisitivo está empujando a las familias hacia el endeudamiento como mecanismo de supervivencia. Según advirtió Barrionuevo, el crédito con bancos, billeteras virtuales y financieras no bancarias dejó de ser un problema microeconómico aislado para convertirse en una problemática de escala macroeconómica, con fuerte impacto en la economía familiar y en la estabilidad del sistema. Cada vez más hogares necesitan financiar el día a día para cerrar la brecha entre lo que ganan y lo que cuesta no ser pobre en la Argentina.



