Gustavo Miqueri: “El chamamé necesita ese plus del artista, la entrega de corazón”

El músico dialogó con Radionord en la previa de la gala homenaje “Salvador Miqueri, Lucero, eterno, centenario”, que se realizará el sábado 22 de agosto en el Teatro Oficial Juan de Vera. Habló sobre el legado de su padre, la defensa del chamamé, las nuevas generaciones, la necesidad de acercar el género a los jóvenes y adelantó algunas de las obras que interpretará durante una noche que promete ser especialmente emotiva.

El próximo sábado 22 de agosto, el Teatro Oficial Juan de Vera será escenario de una gala especialmente dedicada a la memoria y al legado de Salvador Miqueri, uno de los grandes referentes de la cultura chamamecera. Bajo el título “Salvador Miqueri, Lucero, eterno, centenario”, familiares, músicos y artistas se reunirán para celebrar la obra de quien dejó una huella profunda en la música de Corrientes.

En la previa de este homenaje, Gustavo Miqueri, hijo del recordado músico y uno de los protagonistas de la gala, dialogó con Radionord y repasó distintos aspectos de su trayectoria, la importancia de defender el chamamé y la particular responsabilidad que significa llevar el apellido Miqueri.

Para Gustavo, la defensa del género debe partir del compromiso y de una entrega auténtica.

“La cultura correntina tiene que mostrarse a través del chamamé. No es poco decir: es una música que nos identifica, que ha nacido aquí y que compartimos orgullosamente con todo el Nordeste argentino. Nosotros tenemos la obligación moral de defenderlo a diestra y siniestra”, sostuvo.

Con más de 45 años de trayectoria en el chamamé, el músico considera que la tarea de un artista no termina arriba del escenario. Las reuniones, las peñas, los encuentros y hasta los espacios cotidianos son, para él, lugares donde el género debe continuar creciendo.

“El chamamé necesita ese plus del artista, de la entrega en las esquinas, en las reuniones, en los asados, en las peñas. La entrega tiene que ser de corazón”, afirmó.

La responsabilidad de llevar el apellido Miqueri

Gustavo también habló sobre la humildad y sobre el peso de pertenecer a una familia que forma parte de la historia del chamamé correntino.

“Cuando uno es hijo de Salvador Miqueri siempre va a entender que no sos tanto”, expresó con una mezcla de humor y emoción. Y reconoció que muchas veces se pregunta si las decisiones que toma en su carrera estarían a la altura de las expectativas de su padre.

Su vínculo con Salvador no fue únicamente artístico. Compartieron escenarios, viajes, reuniones y numerosas experiencias personales que le permitieron conocer al artista, pero también al hombre detrás de la figura pública.

“Las cosas más jugosas las hemos compartido en los viajes, en viajes de tres o cuatro horas, compartiendo anécdotas y vivencias, muchas personales. Eso hace conocer al artista y a la persona a la vez”, recordó.

Entre las enseñanzas que conserva de su padre, hay una especialmente vinculada al trabajo musical. Salvador solía marcarle cómo debía construir las voces para que el conjunto funcionara.

“Me decía: ‘Tenés que hacer así porque si no no te puedo hacer la segunda’. Si yo en la primera voz quería hacer algo distinto para que luciera, me decía: ‘No, no, hacé esto porque si no no entra la segunda’”, contó.

“No hay que enojarse con el chamacumbia”

Uno de los momentos más interesantes de la entrevista fue cuando Gustavo se refirió a las transformaciones que atraviesa actualmente el chamamé y al fenómeno que denominó “chamacumbia”.

Lejos de plantear una confrontación, Miqueri consideró que los músicos deben realizar una reflexión profunda sobre qué están haciendo para acercar el género a las nuevas generaciones.

“Yo ya tomé la postura de no enojarme más. Al que le gusta, le gusta. No tenés que enojarte”, señaló.

Para el músico, el crecimiento de otras expresiones musicales también debería llevar a los chamameceros a preguntarse por qué determinadas propuestas logran una conexión inmediata con el público.

“Yo creo que habría que hacer una introspección entre todos los músicos de chamamé y ver qué estamos haciendo mal”, planteó.

En ese sentido, observó que muchas propuestas actuales incorporan una fuerte dimensión visual y participativa que genera una respuesta inmediata en el público.

“Nosotros seguimos tratando de ser señores en el escenario, tratando de mostrar una música para que se viva y se escuche con el corazón, y la gente está deseosa de ser parte de la fiesta también. Quiere bailar, quiere aprender rápido la letra”, explicó.

El desafío de conquistar a los jóvenes

Gustavo sostuvo que el acercamiento a los jóvenes no necesariamente implica abandonar la esencia del género, sino encontrar nuevas maneras de presentarlo.

“Esto es como el tango: después de los 30 cambiaste totalmente tu forma de ver la música y qué te hace sentir. Pero están los de 15, los de 17, los de 20, los de 25, todos con una tendencia de vida diferente”, reflexionó.

En su opinión, el desafío consiste en mantener viva la identidad cultural de Corrientes y, al mismo tiempo, generar espacios donde las nuevas generaciones puedan encontrarse con el chamamé.

También reclamó una mayor presencia del Estado en esa tarea: “Es una cuestión de Estado, desde el Gobierno, desde la parte de Cultura, tratar de incentivar a que se escuche eso, poner eso en los oídos de la gente”.

Y agregó que Corrientes debería contar con espacios permanentes para quienes llegan desde otras provincias o países buscando conocer la música de la región.

“La gente que nos visita no va a venir a escuchar chamacumbia, va a venir a escuchar chamamé. Viene a buscar esa esencia en nosotros”, afirmó.

El valor de la poesía de Salvador

Durante la entrevista, Gustavo destacó especialmente la capacidad poética de su padre y marcó una diferencia entre las distintas formas de abordar actualmente las letras dentro del género.

Recordó que Salvador podía construir canciones capaces de trascender el paso del tiempo y puso como ejemplo obras que, décadas después de haber sido escritas, continúan teniendo vigencia.

Entre sus composiciones favoritas mencionó “Retorno”, una de las primeras obras que Salvador realizó junto a Tránsito Cocomarola; “Son los rumores”, registrada junto a Rudy y Nini Flores; y “Sin rencores ni reproches”, una obra que su padre recordaba con especial orgullo.

“Si lo cantó Ramona es porque lo hice bien”, recordó Gustavo que decía Salvador.

“Felices los dos”, una nueva canción

Durante la charla también hubo espacio para hablar de la producción más reciente de Gustavo. El músico presentó su tema “Felices los dos”, una composición en la que buscó mantener una poesía cuidada y transmitir una historia de amor desde una mirada madura.

“Me costó uno y la mitad del otro tratar de ser fino para que se entienda la poesía y decir lo mismo”, explicó.

La canción forma parte de su último trabajo y cuenta con la participación de Gabriel Torres en bandoneón, Tadeo Morán en segunda voz y primera guitarra, y Fernando Soto en bajo.

Una historia detrás de “Mi ofrenda marchita”

Entre las numerosas anécdotas que Gustavo compartió durante la entrevista, una de las más emotivas estuvo vinculada al modo en que Salvador componía.

Recordó que cuando todavía vivían en Burucuyá, compartían dormitorio. Una madrugada, alrededor de las 3:30, Gustavo advirtió que su padre se había levantado y no regresaba a la cama.

Lo encontró en la cocina, sentado en ropa de dormir, con una toalla sobre la cabeza y unos pequeños anteojos de lectura, escribiendo sobre un papel.

A la mañana siguiente, Salvador le mostró el resultado de aquella madrugada: “Mi ofrenda marchita”.

La anécdota revela una de las facetas más íntimas del compositor, capaz de levantarse en plena madrugada para convertir una imagen, un recuerdo o una emoción en una canción.

Burucuyá y la defensa del chamamé

Gustavo también reivindicó el papel de Burucuyá en la historia del chamamé y aclaró que la trascendencia de la localidad no se debe exclusivamente a Salvador Miqueri, sino al trabajo de numerosas personas que durante décadas sostuvieron festivales y encuentros.

Con su particular sentido del humor, recordó que llegó a denominar a Burucuyá como la “capital intergaláctica” del chamamé, luego de los distintos cambios y disputas alrededor de las denominaciones de los festivales.

“En Mburucuyá tuvo muchísima gente más allá de lo que el viejo pudo haber hecho”, remarcó, destacando a músicos, locutores, organizadores y vecinos que sostuvieron durante años las actividades prácticamente “a pulmón”.

Al hablar de las nuevas generaciones de músicos, Gustavo reconoció que observa “una pasión desordenada”, pero también destacó a jóvenes artistas que trabajan con seriedad y profesionalismo.

Y recordó una frase que Salvador le dijo cuando él buscaba encontrar el secreto para alcanzar el reconocimiento: “Tenés que aguantar”.

Para Gustavo, esas palabras resumen buena parte del camino de un artista: persistir, trabajar y esperar el momento de maduración.

Una gala para celebrar a Salvador

La gala del 22 de agosto tendrá una propuesta artística integral, con música, canto, imágenes y una puesta audiovisual pensada para recuperar distintos momentos de la vida y trayectoria de Salvador Miqueri.

Participarán, entre otros, un ensamble musical a cargo de Diego Gómez, Dabrio, Verónica Noguera, Arnaldo Quiroga, Belén Belcastro, Luis Maulín, Gustavo Miqueri y Trébol de Ases.

Gustavo adelantó además que interpretará obras que nunca había llevado al escenario y que el espectáculo buscará recuperar facetas menos conocidas de la producción de su padre.

“Me he tomado el trabajo de hacer todas las obras que nunca hice en el escenario, así que no voy a repetir nada. Aprovechen”, anticipó.

Entre ellas mencionó “Lecherito campesino”, una obra inspirada en la figura de aquel muchacho que recorría las casas llevando leche en botellas de vidrio.

La gala será también una manera de celebrar los 100 años que Salvador Miqueri hubiera cumplido.

“Para nosotros sigue cumpliendo años porque está todos los días con nosotros, rondándonos y vigilándonos que no hagamos macanas”, expresó Gustavo con emoción.

Y dejó una invitación directa al público:

“Ojalá que la gente que pague la entrada para poder ver el espectáculo se vaya llena de honestidad a través del chamamé, a través de la historia de él”.

La cita será el sábado 22 de agosto en el Teatro Oficial Juan de Vera, en una noche que buscará mucho más que recordar a un artista: celebrar una obra, una familia, una identidad y una manera de entender la música correntina.

Las entradas pueden adquirirse a través de la plataforma Weepass y en la boletería del Teatro Vera.

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