Históricos dirigentes, diseñadores, músicos, personajes, reinas, bastoneras y nuevas generaciones. En el Día del Comparsero, las voces de quienes hicieron y hacen la fiesta ayudan a responder una pregunta que atraviesa generaciones: ¿qué significa vivir el Carnaval de Corrientes?
No existe una única manera de ser comparsero
Se puede bailar, tocar, diseñar, bordar, dirigir una institución, construir un traje o pasar meses imaginando aquello que el público finalmente verá durante unos minutos sobre la avenida.
Pero entre generaciones muy diferentes aparece siempre una misma palabra: pasión.
La voz de los históricos
Stella Maris Folguerá, ligada a Ará Berá desde sus primeros años, siempre defendió que detrás del brillo existe mucho más: “El fondo no es frívolo”, sostuvo al reivindicar la dimensión artística y cultural de la fiesta.
Pancho Benítez encontró una manera todavía más sencilla de explicar su pertenencia al Rayo: “En 23 años jamás vi a mi comparsa desde la tribuna”.
Goyo Prieto, comparsero, creador y uno de los grandes conocedores de la fiesta, dejó una definición que Marcelo Meza suele repetir: “Los comparseros no somos personas normales”.
Y Toto Penayo, después de haber sido comparsero, músico, cantante, creador y director musical, encontró otra forma de explicarlo: pese a todos los cambios técnicos y comerciales, “el amor y la pasión que siente la gente” siguen siendo los mismos. Para él, el carnaval terminó convirtiéndose en “mi lugar en el mundo”.
Los que eligieron volver siempre
Marcelo Meza tampoco esconde lo que representa Ará Berá en su vida: “Por el carnaval dejo muchas cosas, es mi debilidad”.
Virginia Acosta, después de casi dos décadas atravesando comparsas y personajes, lo expresó desde otro lugar: “Estar en nuestro carnaval es algo que me encanta y disfruto con el alma”.
En Gabriela Garrido, el regreso a Ará Berá después de más de una década tuvo además un componente familiar: volvió a la avenida acompañando a sus hijas y manteniendo presente el recuerdo de su hermano Mariano.
María José Maciel, flamante Gran Bastonera de Ará Berá para 2027, lo resume desde la pertenencia: “Para mí el carnaval es pasión, familia, unión”. Y agrega: “Ser comparsera es un orgullo”.
Mientras que Juan Manuel Garavaglia, de Sapucay, pone el acento sobre aquello que el espectador no alcanza a ver: “El carnaval es alegría, es fiesta, es familia, es amistad”, además de remarcar el trabajo que genera durante todo el año.
La fiesta también se construye desde atrás
Desde las agrupaciones musicales, Gaspar “Oso” Acosta lleva décadas vinculado a Samba Total. Y reconoce que hubo momentos en los que pensó abandonar: “Quería largar todo, pero ahí es donde sale la pasión y reinventarse”. También reivindica a las nuevas generaciones: “Los chicos nuevos son los que te empujan, son el motor”.
Guillermina Velazco, al frente de Sapucay, encuentra buena parte del secreto en lo colectivo: “Aprendimos a trabajar en equipo y a organizarnos”.
Nerina Longa conoce precisamente ese recorrido desde adentro: “Arranqué como bailarina”, recuerda sobre una historia que después la llevó a coordinación de vestuario, a convertirse en socia y finalmente a integrar la conducción de Sapucay.
Romina Montiel, presidenta de Sambanda, reivindica la posibilidad de seguir renovando la propuesta artística: “Este tema que elegimos nos da muchas alegrías”, contó durante la preparación de la última edición.
Y Shirley Serra, desde Arandú Beleza, representa otra generación dirigencial que comenzó a plantear una construcción artística más colectiva, con las decisiones centrales atravesando la comisión y diferentes equipos de trabajo.
El carnaval como trabajo, creación e inclusión
Para Andrea Torres, histórica referente de Imperio Bahiano, la definición es contundente: “El carnaval es unión, es fiesta y cultura arraigada en nuestra provincia”. También lo considera fuente de trabajo y expresión de las familias que llevan la pasión carnavalera adentro.
Giovana Lacunza, que rompió barreras y el año que viene vuelve como madrina de Sambanda, dejó una frase que excede al propio carnaval pero resume perfectamente su historia: “Se pueden cumplir los sueños”.
Desde el diseño, Horacio Gómez sintetizó durante años otra parte esencial del trabajo artesanal: “Nuestra misión es brindar belleza”, al explicar que el desafío consiste en conseguir que una comparsa luzca utilizando incluso materiales accesibles.
Y están quienes hicieron de la percusión, los talleres y la creación su lugar dentro de la fiesta, como Facundo Caminos, Daniel García, Alejandro Balbi, Héctor Ranaletti, Gustavo Costadoni, Gastón Tur, Mario Zorrilla y Darío Harper, nombres vinculados desde diferentes roles y épocas a la construcción del carnaval correntino.
También están Agostina Liotti, Maite Castresana y Victoria Dijou, representantes de generaciones de mujeres que encontraron en la avenida un lugar para construir personajes, representar instituciones y convertirse en referentes de la fiesta. Dijou, además, fue elegida Embajadora del Carnaval en 2018, mientras que Darío Silva Harper obtuvo aquel año la distinción masculina.
Los nombres que el carnaval nunca deja ir
Pero mantener encendida la llama significa también recordar.
Por eso, cuando el carnaval repasa su historia, vuelven inevitablemente nombres como Mariano Garrido, Dionisio Soler, Nolo Alías, Ricardo Rasmussen, Quito Caffa, Anahí Melgarejo y Fabián “Steward” Rodríguez.
Nolo dejó incluso una frase que terminó adquiriendo una dimensión extraordinaria: “Cuando me encuentre la muerte, que me reconozca bailando”. Murió en febrero de 1996 mientras participaba del carnaval con Sapucay y, años después, el corsódromo correntino terminaría llevando su nombre.
Dionisio Soler, por su parte, hizo del baile y la formación de nuevas generaciones buena parte de su vida. Fue bailarín, coreógrafo y docente, llevando aquello aprendido en la fiesta a la formación artística de otros jóvenes.
Y junto a ellos permanecen Mariano, Rasmussen, Caffa, Anahí y Steward, porque el carnaval posee una particular manera de conservar a quienes dejaron una huella: los devuelve cada año a través de una fotografía, una anécdota, un traje, una canción o una marcha.
Una llama que pasa de generación en generación
Hoy esa historia continúa con dirigentes como José León “Pucho” Echavarría, Guillermina Velazco y Shirley Serra; con históricos que siguen acompañando la fiesta; con artistas y diseñadores; con músicos y talleristas; y con nuevas figuras como María José Maciel y Agustina Gálvez, actual Embajadora Nacional del Carnaval por Ará Berá.
Durante el verano todos volverán a defender sus colores.
Habrá rivalidades, puntajes, discusiones y campeones.
Pero cada 23 de septiembre queda al descubierto aquello que existe antes de cualquier resultado: una comunidad que lleva más de seis décadas transmitiendo la misma pasión.
Algunos construyeron el camino. Otros lo recorren hoy. Y los más jóvenes ya comenzaron a imaginar el carnaval que vendrá.
Cambian los nombres, cambian los trajes y cambia la avenida. La llama, en cambio, sigue encendida. Eso explica por qué el carnaval vuelve cada año.
No solamente porque llega febrero.
Sino porque hubo quienes construyeron su historia, hay quienes continúan escribiéndola y nuevas generaciones que ya comenzaron a imaginar la próxima.
Mientras exista un comparsero dispuesto a recordar, crear, bailar, tocar y volver a empezar, la llama del Carnaval de Corrientes seguirá encendida.




