Martín Becerra advirtió sobre el poder de los algoritmos y la concentración de la información

En la segunda jornada del XXIII Encuentro Nacional de Carreras de Comunicación Social (ENACOM 2026), el investigador y especialista en políticas de comunicación ofreció la conferencia “Espacio público y plataformas digitales: cuando más conexión no es mejor comunicación”. Analizó el poder de las grandes corporaciones tecnológicas, la transformación del periodismo, la desigualdad en el acceso a internet y los riesgos que enfrenta la democracia ante la concentración global de la información. También planteó la necesidad de recuperar la soberanía digital en Argentina y América Latina.

La expansión de internet, la multiplicación de las redes sociales y la posibilidad de que millones de personas produzcan y distribuyan contenidos transformaron profundamente la comunicación contemporánea. Sin embargo, ese crecimiento exponencial de la conectividad no necesariamente significó una mayor democratización de la información ni una mejora en la calidad del debate público.

Sobre esa paradoja giró la disertación del investigador Martín Becerra, quien participó de la jornada inaugural del ENACOM 2026 con la conferencia titulada “Espacio público y plataformas digitales: cuando más conexión no es mejor comunicación”.

A lo largo de su exposición, Becerra propuso revisar las transformaciones del espacio público desde la aparición de las plataformas digitales, el creciente poder de las corporaciones tecnológicas y las consecuencias que estos procesos tienen sobre la libertad de expresión, el periodismo, la participación ciudadana y la soberanía de los Estados.

El especialista sostuvo que la sociedad atraviesa un proceso de “plataformización de la vida misma”, en el que las herramientas digitales dejaron de ser simples instrumentos de comunicación para convertirse en estructuras que condicionan las relaciones sociales, económicas, culturales y políticas.

Del espacio público tradicional al dominio de las plataformas
Para comprender la magnitud de los cambios, Becerra comenzó su exposición con una comparación entre el espacio público anterior a la revolución digital y el ecosistema comunicacional contemporáneo.

Recordó que el modelo tradicional estaba organizado alrededor de medios de comunicación masivos, con estructuras empresariales concentradas, una producción de contenidos predominantemente unidireccional y regulaciones establecidas por los Estados nacionales.

Aunque aquel sistema tenía fuertes limitaciones para la participación ciudadana, también contemplaba principios vinculados con el interés público, la inclusión social y la regulación de la concentración económica. La revolución digital modificó radicalmente esa organización.

La expansión de internet permitió que millones de personas accedieran a herramientas de producción y circulación de contenidos que anteriormente estaban reservadas a empresas periodísticas, instituciones y grupos económicos.

Sin embargo, esa apertura convivió con un fenómeno aparentemente contradictorio: una concentración de poder todavía mayor, ahora en manos de corporaciones tecnológicas que operan a escala mundial.

Becerra explicó que las plataformas no solamente distribuyen información, sino que también recopilan datos, procesan comportamientos, organizan la circulación de contenidos y establecen criterios de visibilidad.

En ese contexto, advirtió sobre la mercantilización generalizada de productos, servicios, contenidos y datos, incluyendo aspectos de la propia subjetividad humana.

Más usuarios conectados, pero con profundas desigualdades
Uno de los puntos centrales de la conferencia estuvo dedicado a cuestionar la idea de que la expansión de la conectividad representa, por sí misma, un avance democrático.

Becerra mencionó que Argentina cuenta con aproximadamente 60 millones de líneas de telefonía móvil activas para una población cercana a los 47 millones de habitantes.

No obstante, señaló que alrededor del 70% de esas líneas corresponde a modalidades que requieren recargas periódicas de crédito, lo que refleja diferencias importantes en las condiciones reales de acceso.

Para el investigador, la existencia de dispositivos y conexiones no garantiza que todas las personas puedan utilizar los servicios digitales en igualdad de condiciones.

También destacó el papel que adquirió WhatsApp en la vida cotidiana de los argentinos.

“Hoy uno podría decir que en la Argentina WhatsApp es un servicio universal”, sostuvo, al señalar que resulta difícil prescindir de esa herramienta para conseguir trabajo, mantener vínculos afectivos o participar de distintas actividades sociales.

Esta dependencia, explicó, afecta especialmente a los sectores de menores recursos, para quienes abandonar una plataforma dominante puede significar perder oportunidades laborales y relaciones fundamentales.

Las plataformas también están cambiando la manera de hacer periodismo
Uno de los pasajes más relevantes de la disertación estuvo relacionado con la transformación del trabajo periodístico.

Becerra señaló que las plataformas digitales no solamente modificaron la distribución de noticias, sino que también comenzaron a influir directamente sobre los criterios utilizados para producirlas.

Tradicionalmente, el periodismo organizaba sus contenidos a partir de principios profesionales vinculados con el interés público, la jerarquización informativa y estructuras narrativas como la pirámide invertida.

Actualmente, explicó, periodistas y productores de contenidos se ven condicionados por los mecanismos de circulación establecidos por las plataformas.

“Si simplemente somos laburantes de un medio de comunicación y queremos que nuestra nota llegue a alguien, vamos incorporando, dejamos de lado la pirámide invertida”, señaló.

Según desarrolló, los criterios periodísticos tradicionales comienzan a ser reemplazados por las reglas de relevancia de los algoritmos, que definió como opacas y cambiantes.

De esta manera, las plataformas adquieren una función que trasciende la distribución: también terminan condicionando la producción de los contenidos.

Para Becerra, los medios de comunicación no desaparecen con la revolución digital, pero sí cambia profundamente su lugar social, económico y político.

Esta transformación plantea uno de los principales desafíos del periodismo contemporáneo: cómo sostener criterios de interés público cuando la visibilidad de las noticias depende cada vez más de decisiones algorítmicas de empresas privadas.
“No existe la no regulación”: el poder invisible de los algoritmos
El investigador también cuestionó la idea de que las plataformas digitales constituyen espacios libres de regulación.

Por el contrario, sostuvo que cuando los Estados no establecen normas específicas, son las propias corporaciones las que terminan fijando las condiciones de funcionamiento del espacio público digital.

“Cuando no hay regulación legal, hay regulación de facto”, afirmó.

Becerra describió ese sistema como una regulación privada, opaca y discrecional, en la que las empresas pueden determinar qué contenidos circulan, cuáles reciben mayor visibilidad y cuáles son restringidos o eliminados.

Entre los mecanismos mencionó la reducción del alcance de publicaciones, la suspensión de cuentas, la censura temática y el denominado shadow banning, mediante el cual determinados contenidos pierden visibilidad sin que necesariamente se informe de manera transparente a sus autores.

También advirtió sobre las dificultades que enfrentan usuarios, periodistas y organizaciones para cuestionar las decisiones adoptadas por las grandes plataformas.

Según explicó, estas prácticas configuran un mercado de ideas estructuralmente desigual, en el que la capacidad de expresión no siempre se corresponde con la posibilidad efectiva de alcanzar al público.

La paradoja digital: más libertad aparente y mayor concentración del poder
Becerra planteó que uno de los principales problemas del ecosistema digital es la distancia entre sus promesas originales y su funcionamiento actual.

Internet fue presentada durante décadas como una herramienta capaz de democratizar la comunicación, superar las fronteras nacionales y permitir una participación ciudadana sin precedentes.

Sin embargo, el investigador sostuvo que aquella expectativa de construir una suerte de espacio público global e igualitario no se concretó en los términos imaginados.

“Puedo decir lo que quiero, pero al mismo tiempo el control de las comunicaciones nunca estuvo tan concentrado en la historia”, expresó.

En su análisis, las grandes plataformas generan una ilusión de neutralidad, descentralización y autonomía individual, mientras concentran una enorme capacidad para administrar información, recopilar datos y predecir comportamientos.

El especialista también cuestionó la tendencia a equiparar todas las opiniones en el debate digital, incluso cuando se trata de conocimientos científicos o especializados.

La posibilidad de participar en una conversación pública, explicó, no significa que todas las afirmaciones tengan el mismo fundamento ni que desaparezcan las diferencias entre conocimiento, evidencia y opinión.

El acceso a internet no significa necesariamente democratización

Otro de los conceptos centrales de la conferencia fue la distinción entre acceso y participación.

Becerra recuperó los debates internacionales sobre democratización de las comunicaciones para recordar que la posibilidad de utilizar tecnologías no resulta suficiente para garantizar una participación verdaderamente democrática.

“Democratización es acceso y es participación. No hay democratización sin participación”, subrayó.

Desde esa perspectiva, consideró que la ampliación de las herramientas digitales representa una transformación histórica, pero no puede confundirse automáticamente con una ampliación de los derechos ciudadanos.

Advirtió que el crecimiento de la conectividad puede convivir con procesos de erosión institucional, debilitamiento del Estado de derecho, desigualdad en la distribución del poder y restricciones a la libertad de expresión.

La discusión, por lo tanto, no debería limitarse a cuántas personas tienen acceso a internet, sino también a quiénes controlan las infraestructuras, cómo se distribuyen los contenidos y qué posibilidades reales existen de intervenir en las decisiones que organizan el espacio digital.

La soberanía digital como desafío para Argentina y América Latina
En el tramo final de su exposición, Becerra trasladó el debate hacia la situación de los países latinoamericanos frente al poder de las corporaciones tecnológicas globales.

Se preguntó cómo enfrentar la creciente dependencia de infraestructuras, servicios y plataformas controlados mayoritariamente por empresas extranjeras.

“La dependencia hoy es mucho mayor que la dependencia que generaciones anteriores de comunicadoras, comunicadores y ciudadanos denunciaron y contra la que lucharon”, sostuvo.

El investigador consideró que esta situación representa una pérdida de soberanía y obliga a recuperar la discusión sobre la capacidad de los Estados para desarrollar políticas tecnológicas propias.

En ese sentido, identificó diferentes dimensiones que deberían formar parte de una agenda de soberanía digital.

Entre ellas mencionó la construcción de infraestructuras críticas de conectividad, la reducción de las brechas digitales, la capacidad de establecer regulaciones nacionales, la protección de los datos personales, el desarrollo de recursos propios de procesamiento informático y la autonomía algorítmica.

También planteó la necesidad de fortalecer la soberanía cultural e informativa, incluyendo los sistemas digitales utilizados por las administraciones públicas.

Como ejemplo de dependencia tecnológica, mencionó el papel de Starlink en el conflicto entre Rusia y Ucrania, para ilustrar cómo el control privado de infraestructuras de conectividad puede adquirir consecuencias geopolíticas y afectar decisiones soberanas.

Una legislación que necesita actualizarse
Becerra recordó que Argentina cuenta con una ley de protección de datos personales sancionada en el año 2000, cuando el ecosistema digital tenía características muy diferentes de las actuales.

Aunque reconoció que la legislación contiene principios valiosos, sostuvo que resulta necesario actualizarla para responder a los desafíos derivados de la expansión de las plataformas.

También mencionó experiencias regulatorias desarrolladas en Brasil, la Unión Europea y Australia como antecedentes que pueden contribuir a una discusión más profunda sobre los derechos digitales.

Para el investigador, Argentina todavía mantiene un debate público insuficiente sobre estas cuestiones, a pesar de que las decisiones de las grandes empresas tecnológicas tienen efectos cada vez más importantes sobre la economía, la cultura y la vida democrática.

Cuando estar más conectados no significa comunicarnos mejor
La conferencia de Martín Becerra en el ENACOM 2026 dejó planteada una reflexión que atraviesa tanto al periodismo como al conjunto de la sociedad: la multiplicación de dispositivos, plataformas y contenidos no garantiza una comunicación más democrática, plural o igualitaria.

El crecimiento de las posibilidades individuales de expresión convive con una concentración inédita del poder de distribución, mientras las decisiones de unas pocas corporaciones condicionan qué información circula y bajo qué reglas.

En ese escenario, el investigador propuso recuperar el debate sobre la dependencia tecnológica, la regulación pública y la soberanía digital como cuestiones fundamentales para el futuro de las democracias latinoamericanas.

Su intervención durante la jornada inaugural del encuentro permitió poner en discusión una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo: nunca existieron tantas herramientas para comunicarnos, pero tampoco había sido tan decisivo preguntarse quién controla esas herramientas y con qué intereses.

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