En diálogo con Nord24, el abogado Nicolás Calvano desmintió el mito de que hace falta el acuerdo de ambos cónyuges o demostrar culpa. Detalló qué ocurre con los hijos, los bienes y la compensación económica cuando existe desequilibrio por dedicación exclusiva a la familia.
El divorcio unilateral es una realidad jurídica en Argentina, aunque todavía genera confusión entre gran parte de la población. En declaraciones a Nord24, el abogado Nicolás Calvano, matriculado bajo el N° 10.337, aclaró que una persona puede solicitar la disolución del matrimonio aunque su cónyuge no esté de acuerdo, sin necesidad de demostrar infidelidad, abandono, violencia o cualquier otra causa que justifique la separación.
Con el régimen vigente, basta con que uno de los cónyuges manifieste su voluntad de poner fin al vínculo. Calvano destacó que esto es fundamental porque muchas personas todavía creen que para divorciarse ambas partes deben estar de acuerdo o que es imprescindible probar quién tuvo la culpa de la ruptura. Frente a la negativa de la pareja, el especialista fue contundente: la resistencia de uno de los cónyuges no puede impedir indefinidamente el divorcio. Frases como “no te voy a dar el divorcio” o “si yo no firmo no te podés divorciar” carecen de validez jurídica.
Cuando hay hijos menores de por medio, el divorcio no extingue la responsabilidad parental. Calvano explicó que en estos casos el proceso deberá abordar aspectos como el cuidado personal, el régimen de comunicación, la cuota alimentaria, la distribución de los gastos y la vivienda de los niños. El objetivo central del juzgado es proteger el interés superior del niño y del adolescente, más allá de la ruptura del vínculo matrimonial.
Otro de los mitos frecuentes tiene que ver con el patrimonio. Muchos creen que para divorciarse primero hay que repartir los bienes. El abogado precisó que divorcio y división de bienes son cuestiones distintas: el matrimonio puede disolverse aun cuando todavía existan conflictos patrimoniales pendientes de resolver. También puede discutirse el destino de la vivienda familiar, especialmente cuando en ella residen hijos.
Calvano se refirió a la compensación económica. En determinadas circunstancias, cuando el divorcio genera un desequilibrio manifiesto entre los cónyuges —por ejemplo, porque uno dejó de trabajar para dedicarse al cuidado de la familia—, quien se encuentre en desventaja puede solicitar una indemnización, siempre que se cumplan los requisitos establecidos por la ley.
La claridad en estos puntos permite despejar dudas habituales y entender que, en la Argentina actual, la voluntad individual es suficiente para iniciar un proceso de separación legal, mientras que los derechos de los hijos y las cuestiones económicas se resuelven en instancias paralelas garantizadas por el sistema.




