Tenía 74 años y falleció este viernes en Punta del Este, Uruguay, donde había elegido instalarse durante los últimos años. Con “El Oro y el Moro” convirtió la segunda mañana de la radio en territorio propio y construyó una relación de cercanía con millones de oyentes. Se fue un conductor que entendía la radio como compañía y que alguna vez resumió su vínculo con el medio con una frase contundente: “Yo no elegí a la radio, la radio me eligió a mí”.
Durante muchos años bastaba entrar a un taxi, subir a un colectivo, atravesar la puerta de un comercio o sentarse en un bar con una radio encendida para encontrarse con él.
No hacía falta presentación.
La voz grave, envolvente e inmediatamente reconocible de Oscar “El Negro” González Oro se había convertido en parte del paisaje cotidiano de las mañanas argentinas. Este viernes 25 de septiembre esa voz se apagó definitivamente: el periodista y conductor murió a los 74 años en Punta del Este, Uruguay, ciudad en la que residía desde hacía varios años. La causa de su muerte no había sido informada oficialmente durante las primeras horas posteriores a conocerse la noticia.
Su partida cierra una de las historias más particulares de la radio argentina de las últimas décadas: la de un hombre que llegó al medio atraído inicialmente por la música y terminó transformándose en uno de sus grandes protagonistas.
La segunda mañana tuvo durante años una voz
Para toda una generación, decir González Oro es decir “El Oro y el Moro”.
El programa comenzó el 4 de enero de 1999 en Radio 10 y terminó convirtiéndose en el gran emblema de su carrera. En sus mejores momentos superó el millón de oyentes y convirtió a González Oro en una referencia cotidiana de la radiofonía argentina.
Era información, actualidad, entrevistas, música y humor, pero fundamentalmente compañía.
Por su micrófono pasaban políticos, artistas y protagonistas de la noticia. Una declaración realizada en su programa podía instalarse rápidamente en el resto de los medios. Durante años se volvió habitual escuchar una frase que medía la influencia alcanzada por aquel espacio: “Lo dijo el Negro Oro”.
González Oro había encontrado algo particularmente difícil en la radio: un ritmo propio.
No necesitaba correr permanentemente. Sabía cuándo acelerar, cuándo introducir una canción, cuándo preguntar y también cuándo dejar un silencio.
Su objetivo, repetía, era acompañar.
De Mendoza a la radio grande
Oscar González Oro había nacido el 16 de octubre de 1951 en Mendoza, hijo de Ricardo y Tita. Su abuela María Luisa ocuparía también un lugar central en sus recuerdos familiares.
De chico imaginaba un futuro ligado a la música y la actuación. Fue construyendo además una enorme afición por los discos, que lo acompañaría durante toda su vida.
A fines de los años 80 encontró un lugar en FM Playa Verde, en Pinamar. Después llegó Buenos Aires y con ella el ingreso a las grandes emisoras.
En Radio Del Plata trabajó inicialmente como productor nocturno y posteriormente consiguió su espacio frente al micrófono. Su nombre comenzó entonces a instalarse en un medio que todavía tenía como grandes referencias a figuras como Héctor Larrea, Juan Alberto Badía y Antonio Carrizo.
El gran salto llegaría hacia fines de los años 90, cuando Daniel Hadad lo convocó para Radio 10.
Allí encontró su lugar definitivo.
“Dale gas”
También tuvo una marca sonora.
“Dale gas” se convirtió en uno de los latiguillos asociados para siempre con González Oro. Lo utilizaba para darle impulso al programa y, especialmente, cuando una canción merecía subir de volumen.
La expresión terminó trascendiendo la radio y quedó incorporada a la identificación popular del conductor, aunque su origen fue motivo de una vieja discusión con Johnny Allon.
Pero detrás de aquella frase había algo más profundo: la música nunca dejó de ocupar un lugar central en su manera de hacer radio.
Podía pasar del tango al jazz y recorrer diferentes géneros con la naturalidad de alguien que antes que conductor había sido, fundamentalmente, un apasionado oyente.
La radio como compañía
Quizás una de las claves de González Oro estuvo en comprender algo elemental sobre el medio: del otro lado no hay simplemente una audiencia.
Hay personas.
Personas manejando, trabajando, desayunando, esperando un turno, atravesando una enfermedad o simplemente buscando una voz que rompa el silencio de una casa.
El Negro hablaba frecuentemente de acompañar.
Detestaba la soledad entendida como abandono y concebía la radio como una herramienta capaz de atravesarla.
Ese vínculo explica en parte por qué consiguió una relación tan intensa con sus oyentes.
También explica por qué su muerte provocó este viernes una inmediata sucesión de despedidas de colegas y figuras públicas. Eduardo Feinmann, con quien compartió años de trabajo y también discusiones públicas, escribió al conocer la noticia: “Inmenso dolor. Te quiero, te querré siempre”.
También pasó por la televisión
Aunque su territorio natural fue siempre la radio, González Oro tuvo numerosas experiencias televisivas.
Participó de ciclos como “Polémica en el bar” y “Cotidiano”, entre otros, y en diferentes etapas combinó ambos medios.
También dejó su huella en otras emisoras. Uno de sus recordados ciclos fuera de Radio 10 fue “Negro 630”, en Radio Rivadavia.
Su carrera radial se extendió durante alrededor de 35 años, hasta que comenzó a tomar distancia de la cotidianeidad del micrófono.
Punta del Este y una vida lejos del ruido
En agosto de 2020 González Oro tomó una decisión que modificó profundamente su vida: se instaló en Punta del Este.
“El 17 de agosto de 2020 llegué a Punta del Este y nunca más volví”, contó posteriormente.
Buscó allí otra velocidad. Menos obligaciones, menos horarios y mayor tiempo para sus afectos. Aunque tuvo posteriores regresos profesionales, la relación cotidiana con la radio ya no volvió a ser aquella que había marcado buena parte de su vida.
En los últimos tiempos atravesaba dificultades físicas y de movilidad. Las fuentes consultadas coinciden en que su estado de salud se había deteriorado, aunque al conocerse su fallecimiento no existía todavía una causa oficial informada, por lo que corresponde evitar atribuir su muerte a una enfermedad determinada.
Los mensajes que anticipaban una despedida
Durante los últimos meses sus publicaciones en las redes adquirieron un tono introspectivo.
Hablaba del paso del tiempo, de lo vivido y de la huella que una persona deja después de irse.
Su última publicación en Instagram había sido realizada el 22 de julio. Sobre un fondo negro escribió una frase que, después de su muerte, adquirió inevitablemente otra dimensión:
“Podrán odiarme, podrán amarme… pero olvidarme jamás”.
Tiempo antes también había hablado abiertamente sobre la cercanía del final y realizado balances sobre una vida en la que, según expresaba, había conseguido buena parte de aquello que se había propuesto.
El hombre detrás de la voz
González Oro preservó durante mucho tiempo los aspectos más íntimos de su vida.
Estuvo casado con Estela, con quien tuvo a su hijo Agustín, y también crió como hijo a Pablo, su sobrino. Años después decidió hablar públicamente de su vida afectiva y de sus relaciones con hombres.
Pero para millones de personas su vínculo con él fue de otra naturaleza.
Nunca lo conocieron personalmente.
Lo conocieron por una radio.
Cuando una voz se vuelve recuerdo
Este viernes murió Oscar González Oro a menos de un mes de cumplir 75 años.
Quedarán los archivos, las entrevistas, las discusiones, sus frases, el carácter fuerte, las canciones que elegía y aquel “Dale gas” que anunciaba que había llegado el momento de subir el volumen.
Pero su verdadera dimensión probablemente esté en un recuerdo mucho más sencillo.
Durante años, mientras alguien preparaba el almuerzo, conducía un taxi, atendía un negocio o atravesaba una mañana difícil, el Negro estaba ahí.
Ese fue su oficio y también su mayor virtud: conseguir que una voz que salía de un estudio de radio pareciera estar hablando directamente con cada persona.
Alguna vez definió su relación con el medio de una manera que ahora funciona como epitafio profesional:
“Yo no elegí a la radio, la radio me eligió a mí”.
La radio lo eligió.
Y durante décadas, millones de oyentes también.




