Violencia adolescente: Advierten sobre las consecuencias del acoso grupal

En declaraciones a Radionord, la psicoanalista de APA y especialista en crianza de niños pequeños y adolescentes, Lic. Joséfina Saiz Finzi (MP. 2035), analizó la violencia entre pares, sus consecuencias emocionales y la importancia del acompañamiento familiar para detectar señales de alerta a tiempo.

La violencia entre adolescentes es un fenómeno que requiere una mirada integral, más allá de la identificación de quienes agreden y de quienes resultan afectados. Así lo sostuvo la Lic. Joséfina Saiz Finzi, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), en diálogo con Radionord, donde explicó que estas situaciones involucran a todo el grupo. “No es un culpable, sino que se trata de un tema grupal”, señaló, y remarcó que quienes participan de las agresiones también pueden encontrarse en una situación de vulnerabilidad emocional. Según explicó, las dinámicas grupales pueden reforzar conductas impulsivas y generar consecuencias que afectan tanto los vínculos familiares como las relaciones entre pares.

Al referirse al comportamiento conocido como “actuar en manada”, Saiz Finzi indicó que estas situaciones suelen estar atravesadas por la confusión emocional y la necesidad de encontrar a alguien sobre quien descargar sentimientos que no logran elaborarse. “Es algo que actúa como contagio y es un efecto emocional”, afirmó. En ese contexto, explicó que la figura del llamado “chivo emisario” aparece cuando un integrante del grupo es señalado como responsable de las reacciones de los demás. La especialista advirtió, además, sobre la gravedad que pueden alcanzar estas situaciones: “Esto puede conducir a una baja de autoestima y llegar a un deseo de muerte”. Por ese motivo, destacó la necesidad de comprender el impacto psicológico de las agresiones y de brindar acompañamiento especializado cuando sea necesario.

En cuanto a las consecuencias, la psicoanalista sostuvo que los episodios traumáticos pueden dejar marcas que persisten en el tiempo, incluso cuando la persona recibe asistencia. “Todo hecho traumático está inscripto en un lugar del psiquismo”, explicó, al señalar la importancia de desarrollar el pensamiento reflexivo, reconocer el sufrimiento ajeno y anticipar las consecuencias de los propios actos. También advirtió que los integrantes del grupo agresor pueden experimentar malestar emocional, aunque no siempre sean conscientes de ello. Frente a este escenario, consideró fundamental prestar atención a los cambios de conducta, el aislamiento, la tristeza o las actitudes que llamen la atención de los adultos, sin caer en una vigilancia excesiva.

Saiz Finzi hizo hincapié en el papel de las familias para prevenir situaciones de violencia y acompañar a niños y adolescentes durante una etapa de profundos cambios. “La palabra y no la intromisión”, expresó al explicar cómo pueden acercarse los padres cuando perciben señales de preocupación. En ese sentido, recomendó sostener una relación cercana y empática, respetando la intimidad de los jóvenes y evitando los reproches o la culpabilización. “Los diálogos hay que también considerarlos preventivos y cuidadosos en doble sentido: calmar al niño y calmarse uno”, concluyó. Su reflexión puso el foco en la importancia de escuchar, observar y construir vínculos de confianza para abordar a tiempo las dificultades emocionales.

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