Sandra Arellano, licenciada en Criminalística advirtió a Nord24 sobre los riesgos de estos encuentros presenciales donde los participantes buscan validación con poses exageradas. La experta alertó por el impacto en la salud mental, la huella digital y la presión social que sufren quienes deciden no sumarse.
De la jerga gamer a los espacios públicos. La expresión “farmear aura” —que nació en los videojuegos de rol como una forma de describir la acumulación repetitiva de puntos, recursos o habilidades— escaló hasta convertirse en una tendencia social presencial que reúne a jóvenes en plazas y lugares públicos. En diálogo con Nord24, Sandra Arellano explicó en qué consiste esta práctica y lanzó una advertencia sobre sus potenciales consecuencias en la reputación digital y la salud emocional de los adolescentes.
En su origen, “farmear” alude a la acción de repetir una y otra vez una tarea para obtener beneficios dentro de un juego. “Aura”, en este sentido, representa el estilo, la presencia, la seguridad y el carisma. Combinadas, ambas palabras describen una dinámica en la que los jóvenes realizan rondas breves: por turnos, pasan al centro del círculo y ejecutan poses exageradas, gestos o expresiones que proyecten confianza y magnetismo. Gana la batalla quien recibe más aplausos o votos del público presente.
Si bien no existe violencia física ni enfrentamientos corporales, Arellano destacó que la práctica no está exenta de riesgos. Los asistentes graban y transmiten en vivo cada encuentro, lo que expone a los participantes no solo ante quienes están en el lugar, sino también ante una audiencia potencialmente masiva en redes sociales. Esos videos quedan circulando en internet, generando compartidos, retweets y comentarios que pueden transformarse en burlas, críticas, discriminación e incluso odio.
La experta señaló que esta exposición constante puede afectar gravemente la autoestima de los jóvenes, tanto en lo personal como en lo profesional. Quien gana una batalla accede a una sensación de popularidad volátil que puede perderse en cualquier momento si no cumple con las expectativas del público. Y quien pierde, o simplemente no alcanza la validación esperada, queda expuesto a la humillación pública.
Otro aspecto que preocupa a Arellano es la presión social. Los adolescentes que deciden no participar pueden enfrentar la exclusión del grupo, lo que los obliga a sumarse de forma activa o, al menos, a asistir y reproducir los gestos para no quedar afuera. Esta dinámica puede desencadenar una obsesión por la validación externa y una comparación permanente con los demás, dos factores altamente nocivos para el desarrollo de la identidad en la adolescencia.
Arellano recordó que en la era digital no solo importa lo que uno sube a internet, sino también lo que otros suben de nosotros. Esa huella puede perdurar años y ser utilizada en contra del propio sujeto en el futuro, ya sea en procesos de selección laboral o en cualquier ámbito que requiera una revisión de la reputación online.
Frente a este escenario, la especialista dejó un mensaje contundente: una persona no se mide por aplausos, likes o comentarios, buenos o malos. Cada individuo es único e irrepetible, y su valor no puede estar supeditado a la aprobación momentánea de una multitud que aplaude desde una plaza o desde una pantalla.




