A los 71 años, murió Miguel Zavaleta, el cantante de la exitosa banda de los años ’80 Sueter, pero que antes también había sido la voz de Bubu y uno de los animadores más festivos del rock argentino post dictadura.
Fue una de las figuras clave del rock nacional, fundamentalmente de los ’80 y los ’90..
Luchaba contra un cáncer de huesos, pero igual seguía trabajando en varios proyectos musicales en su casa.
La historia de un artista inteligente, salvaje, mordaz.
Este lunes, a los 71 años murió el músico Miguel Zavaleta, líder de Suéter, que desde hace meses venía luchando contra un cáncer de huesos que lo había alejado de los escenarios, pero no del trabajo. De hecho, estaba pergeñando unos cuantos proyectos para cuando la enfermedad le diera respiro.
Zavaleta fue uno de los grandes genios incomprendidos del rock nacional. Asomó la cabeza en la historia como cantante de Bubu, a finales de los ’70, luego partió hacia Europa, y volvió con todo aquel contingente que ya estaba haciendo demasiado ruido en Ibiza: Cachorro López, Miguel Abuelo, etcétera.
A través de su gran amigo, Daniel Melingo, otro músico que falleció hace poco tiempo, se sumó a un mágico elenco llamado Ring Club, que integraba buena parte de la crema que fermentaría el rock argentino en los años ’80: Melingo, Fabiana Cantilo, Miguel Abuelo, Pipo Cipolatti, Gonzo Palacios, Andrés Calamaro, Cachorro López y otros miembros de los (re)nacientes Abuelos de la Nada (ya había habido una formación trunca en 1968).
Entre los varios hits de Sueter -de la pluma del propio Zavaleta- encontramos Mamá planchame la camisa y Vía México, pero sin dudas el más exitoso y popular fue Amanece en la ruta, un tema cargado de tristes imágenes, y que -tal vez, sólo tal vez, ya que las canciones son más para imaginar que para demostrar un facto- hable de la gente que estuvo clínicamente muerta.
Apareció en Lluvia de gallinas, un álbum de Sueter de 1984. Es una balada y está inspirada en gente que tuvo relación con la muerte.
En la letra, se supone que una persona va relatando un sueño, mientras va viajando por la ruta en auto. Claro que al rato nos damos cuenta de que la descripción que hace es la de un accidente automovilístico. No se trataba precisamente de un sueño, sino de un relato posterior a la vida.
“Amanece en la ruta, no me importa donde estoy/ Me he dormido viajando y he soñado tan intenso/ Y en ese sueño yo me veía en este auto, pero no/ No era el mismo porque estaba todo roto en su interior…”.
Así comienza la canción, de la que en una nota de Mauro Apicella para el diario La Nación en 2018, Miguel Zavaleta diría: “Hay algunos que la entendieron, otros que no. Y también están los que la usaron para bailar, cuando todavía las personas bailaban juntas”.
Por entonces, Miguel Zavaleta seguía sorprendido por la repercusión que había tenido Amanece en la ruta. Pero le encontraba una explicación para el hecho de que haya perdurado.
“Si bien también escribí historias de amor o de problemas internos, vengo de una generación que escribía historias fantásticas, algo que ya se ha perdido. Por otro lado, es cierto que Amanece en la ruta tiene pasajes lisérgicos. Sin embargo, es una historia muy literal. Es alguien que ve su propia muerte y cuando se da cuenta ya está camino a otra dimensión. Obviamente, no lo viví. Está basada en el sentido de entrar a lo desconocido y lo misterioso. Es un mensaje que también está en canciones de Spinetta o en The Lamia, de Peter Gabriel”.
Y si bien no la escribió por él, la canción tiene un claro destinatario: No está inspirado en nadie en particular. Sin embargo, cuando terminó la canción se la dedicó a su primo Julio Zambrano, que falleció en un accidente en la ruta. “Amanece en la ruta no es la historia de mi primo, aunque cualquier referencia a un accidente me recuerda a él. Era mi primo salteño que vivió un tiempo acá, conmigo, que estudió acá y cuando estaba volviendo a Salta con su título de abogado tuvo el accidente”.
Y recuerda también cómo la canción llegó al disco: “La música de Amanece en la ruta ya la tenía y para la letra, al principio sólo imaginé que iba por la ruta y que después de una subida salía el sol. Parece una frase bastante jinglera. Después vino todo lo demás. Al principio no la tenía para grabar sino de reserva; era solo un demo. Pero un día la escucharon [el ingeniero de sonido] Amilcar Gilabert y Charly García y los dos me dijeron que la pusiera en el disco”.




