La muerte de Carlos Lezcano deja un profundo vacío en el periodismo y la cultura de Corrientes. Pero más allá de su extensa trayectoria como periodista, escritor, productor y exsubsecretario de Cultura, su pensamiento constituye uno de los aspectos más interesantes de una vida dedicada a investigar, descubrir y promover nuevas expresiones artísticas.
En una entrevista realizada por su colega y amigo Eduardo Ledesma, el periodista, escritor y gestor cultural reflexiona sobre su trayectoria, su concepción de la cultura, la identidad correntina y la necesidad de abrir espacios para nuevas expresiones artísticas. Un testimonio que permite comprender su pensamiento y dimensionar su legado.
Dejó definiciones que hoy adquieren un valor especial para comprender su manera de entender el periodismo, la cultura y el lugar que eligió ocupar en la sociedad.
A través de una conversación que recorrió sus experiencias profesionales, sus proyectos y sus inquietudes intelectuales, Ledesma logró recuperar una faceta profundamente personal de Lezcano: la de un hombre que encontraba en la curiosidad y en el conocimiento las principales motivaciones de su vida.
“Soy un marginal del periodismo, un marginal de la conducción radial, un marginal de la cuestión cultural, un marginal de los cánones. Yo construyo algo a partir de los márgenes”, afirmó al intentar definirse.
Lejos de considerar aquella condición como una limitación, encontraba en esos espacios alejados de lo establecido la posibilidad de descubrir nuevas propuestas, artistas y formas de pensamiento. “Yo no soy un personaje importante ni central de los acontecimientos, sino más bien un personaje lateral que construye desde esos bordes”, explicaba.
La cultura, mucho más que un espectáculo
Una de sus principales preocupaciones fue cuestionar las miradas reducidas de la cultura, especialmente aquellas que la identifican exclusivamente con las manifestaciones artísticas tradicionales.
“Yo creo que la cultura es todo, todo lo que hacemos. Es un concepto muy amplio que abarca un montón de actividades humanas, que incluye a las actividades artísticas, pero va más allá de lo artístico”, sostenía.
Para Lezcano, la cultura expresaba una manera de ser, una historia y también un horizonte de expectativas. No solamente aquello que una sociedad había construido, sino también lo que podía llegar a ser.
Desde esa perspectiva analizaba la identidad correntina, atravesada por la ruralidad, la naturaleza, la historia y una particular relación con el paisaje.
En sus reflexiones aparecía permanentemente la figura del poeta Francisco Madariaga, a quien consideraba uno de los autores que mejor había interpretado la esencia de Corrientes.
“Creo que él dijo mejor que nadie qué es Corrientes y qué somos nosotros”, afirmaba, recuperando aquella visión poética de una provincia marcada por las aguas, las apariciones y el hechizo de su territorio.
Sin embargo, advertía que la identidad no podía reducirse al paisaje ni a las representaciones folclóricas. Para él, el territorio también estaba construido por las experiencias, las subjetividades y la actividad humana.
El desafío de abrir Corrientes al arte contemporáneo
Entre 2007 y 2009, durante su gestión como subsecretario de Cultura, impulsó el Programa de Experimentación Artística de Corrientes, una iniciativa destinada a acercar al público provincial expresiones que hasta entonces tenían escasa presencia en los escenarios locales.
Lezcano consideraba que Corrientes había atravesado buena parte del siglo XX sin establecer un contacto sostenido con algunos de los movimientos artísticos que habían transformado el mundo.
Por eso promovió propuestas vinculadas con la música contemporánea, el teatro experimental y la formación de nuevos públicos.
Entre las experiencias que recordaba con especial satisfacción figuraban la presentación de La historia del soldado, de Igor Stravinsky, en el Teatro Vera, y Final de partida, de Samuel Beckett, con Pompeyo Audivert y Lorenzo Quinteros.
Recordaba incluso las dificultades económicas y logísticas para concretar aquellas producciones, convencido de que la falta de recursos no debía impedir la circulación de nuevas propuestas.
“Es posible hacerlo. Lo que hace falta es la pasión para hacerlo. Y además, los teatros oficiales están para eso, no solamente para poner el canon, sino para poner todo lo otro que sucede al margen y que es de buena calidad”, señalaba.
Su pensamiento también incluía una definición sobre el papel del Estado: la necesidad de invertir en formación artística y generar condiciones para que la sociedad pudiera acceder a diferentes lenguajes culturales.
“Los públicos se forman”, insistía, al explicar que la educación era fundamental para comprender y disfrutar expresiones que inicialmente podían resultar desconocidas.
La curiosidad como forma de vida
Lezcano también repasaba con orgullo algunas de sus experiencias como productor cultural. Recordaba sus encuentros con escritores como Andrés Rivera, su trabajo con el artista plástico León Ferrari y la compleja organización de un espectáculo del tenor José Carreras en Corrientes.
Cada una de esas experiencias representaba para él una oportunidad de aprendizaje y de contacto con creadores que admiraba.
Sin embargo, cuando Eduardo Ledesma le preguntó qué lo impulsaba a investigar y buscar permanentemente nuevos conocimientos, su respuesta fue tan sencilla como reveladora.
“Yo soy periodista porque soy curioso”, expresó.
Se reconocía autodidacta, alejado de los recorridos académicos tradicionales y guiado por una búsqueda personal que no respondía a estructuras rígidas.
“Soy anárquico. Es un saber aluvional que me llega por curiosidad y sigo ciertas líneas”, explicaba.
Esa curiosidad también definía su manera de entrevistar. Contaba que podía llamar reiteradamente a una misma persona, volver a reunirse, tomar nuevos apuntes y continuar preguntando hasta comprender mejor aquello que investigaba.
Un pensamiento que permanece
Carlos Lezcano fue autor y coautor de publicaciones que contribuyeron a documentar la vida cultural de Corrientes, entre ellas Industria Chamamé, junto a Juan Pedro Zubieta, y Lugar Común Corrientes, una recopilación de entrevistas a protagonistas de la cultura y el pensamiento regional.
Su legado, sin embargo, trasciende los libros, los programas de radio y los espectáculos que produjo.
En sus reflexiones aparece una idea que atravesó buena parte de su trayectoria: la cultura necesita tanto de sus tradiciones como de quienes se animan a explorar otros caminos, cuestionar lo establecido y descubrir nuevas formas de creación.
Desde esos márgenes que eligió habitar, Lezcano contribuyó a ampliar la mirada sobre la identidad correntina y a demostrar que el periodismo también puede ser una herramienta para construir conocimiento y preservar la memoria colectiva.
Hoy, cuando Corrientes lo despide, sus palabras recuperan una dimensión especial. Porque aquel periodista que se definía como un curioso profesional dejó una enseñanza que resume su manera de transitar la vida: seguir preguntando, seguir descubriendo y no perder nunca la capacidad de sorprenderse.




