Manuel Núñez Camelino, el tenor correntino que lleva el chamamé al corazón de París

Su vocación musical nació interpretando “De allá ité”, de Pocho Roch, cuando todavía era estudiante en Corrientes. Más de veinte años después de iniciar su camino europeo, el cantante lírico sigue tendiendo puentes entre su tierra y Francia. Desde el Hotel 29 Lepic y el Bar Gisou, donde actualmente se desempeña como gerente, creó el ciclo “Corrientes Culturales”, que recibió al Trío Tajy y convirtió un rincón de París en un punto de encuentro con la música del Litoral.

Hay canciones que marcan el comienzo de una historia. Y otras que, muchos años después, parecen devolvernos al lugar donde todo empezó.
En la vida de Manuel Núñez Camelino, ambas cosas tienen un mismo origen: Corrientes.
Mucho antes de cantar en escenarios europeos, de estudiar los grandes repertorios de la ópera y de construir su vida en Francia, hubo un adolescente que se animó a participar de un certamen intercolegial de música folclórica en el Colegio Pío XI.
Eligió “De allá ité”, una de las composiciones más entrañables de Gonzalo “Pocho” Roch. Y aquella interpretación terminó siendo mucho más que una participación estudiantil: fue el comienzo de una vocación que lo llevaría a recorrer el mundo.
Hoy, dos décadas después de su partida hacia Europa, Manuel continúa vinculado a la música y a sus raíces. En París, donde actualmente se desempeña como gerente del Hotel 29 Lepic y del Bar Gisou, impulsó una iniciativa que parece cerrar aquel círculo de su juventud: “Corrientes Culturales”, un espacio de encuentros artísticos que busca acercar expresiones musicales y tender puentes entre diferentes culturas. Y entre esas expresiones no podía faltar el chamamé.

De un chamamé escolar a los escenarios de Europa
La historia musical de Núñez Camelino comenzó en Corrientes, donde cursó sus estudios en la Escuela San Vicente de Paul y posteriormente en el Colegio Pío XI, del que egresó en 1998.
Su profesora Ángela López Pereyra fue una figura decisiva en sus primeros pasos. Fue ella quien lo alentó a profundizar su formación en el Instituto de Música Carmelo de Biasi, donde descubrió las posibilidades de su voz.
En 1999, el pianista José Luis Juri lo invitó a participar de un concierto en el Teatro Oficial Juan de Vera, una experiencia que también formó parte de sus primeros pasos profesionales.
Su debut operístico en el Teatro Colón llegó con Juventus Lyrica, interpretando a Beppe en Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo.
Luego vendría Europa.

Una participación en el Concurso Internacional Nuevas Voces Líricas, en Alemania, abrió la posibilidad de perfeccionarse mediante una beca en Marsella, Francia. Lo que inicialmente representaba una etapa de formación terminó convirtiéndose en el comienzo de una nueva vida.
Con el tiempo, su trayectoria incluiría experiencias vinculadas con el Atelier Lyrique de la Ópera Nacional de París y otros espacios de la escena lírica europea.
Pero, aunque el repertorio cambiara de idioma y los escenarios fueran cada vez más lejanos, Corrientes nunca desapareció de su horizonte.

Un rincón de París donde también se escucha chamamé


París tiene una relación particular con la música. En sus calles conviven el jazz, la canción francesa, la ópera, los sonidos africanos, las músicas latinoamericanas y las expresiones de artistas llegados de todo el mundo.
En ese escenario cosmopolita, Manuel Núñez Camelino encontró una nueva forma de desarrollar su vocación cultural.
Desde su actividad en el Hotel 29 Lepic y el Bar Gisou, impulsó el ciclo “Corrientes Culturales”, una propuesta que abre espacios para el encuentro entre artistas y públicos de diferentes procedencias.
El nombre tiene una resonancia especial para quienes conocen su historia. Habla de las corrientes culturales que atraviesan las sociedades, pero también evoca a esa Corrientes que Manuel lleva consigo desde que dejó su provincia.
Una de las experiencias más significativas fue la presentación del Trío Tajy, integrado por María Belén Arriola, Alejandro “Tato” Ramírez y José Víctor Piñeiro.
El conjunto correntino, que combina violín, acordeón, guitarra y voces, llevó su propuesta chamamecera a París en el marco de una gira europea que volvió a poner de manifiesto la capacidad de nuestra música para dialogar con públicos de otras latitudes.
No es difícil imaginar lo que representa ese encuentro para un correntino que vive lejos de su tierra: escuchar nuevamente el sonido del acordeón, las melodías del Litoral y las canciones que forman parte de una memoria compartida.
En una ciudad atravesada por tantos idiomas, el chamamé encuentra su propia manera de hacerse entender.

El artista que nunca dejó de volver
A pesar de haber desarrollado buena parte de su carrera en Francia, Núñez Camelino mantuvo una relación permanente con Corrientes.
En diferentes oportunidades regresó para participar de conciertos, actividades culturales y propuestas destinadas a acercar la música lírica a públicos que habitualmente no frecuentan los grandes teatros.
En mayo de 2022 ofreció un concierto gratuito en el barrio San Gerónimo, en la ciudad de Corrientes, donde interpretó obras clásicas y adaptaciones vinculadas con la música regional.
Aquella presentación le valió el reconocimiento como Artista Destacado de la Ciudad.
Su mirada sobre la cultura no se limita a los grandes escenarios. También comprende la importancia de generar encuentros cercanos, de abrir puertas y de acercar expresiones artísticas a personas que quizás nunca tuvieron la oportunidad de escucharlas en vivo.
En 2024 recibió, además, el Premio Pedro Sombra, un reconocimiento a su trayectoria y a su contribución a la vida cultural correntina.
Su recorrido también incluye propuestas escénicas como Opérame, un espectáculo que combina música y relato teatral.

La música como una forma de pertenecer
En una entrevista de 2012, Manuel reconoció la importancia que tuvo su formación en Corrientes y recordó especialmente a los docentes que lo acompañaron en sus primeros pasos.
También habló de la disciplina necesaria para sostener una carrera artística internacional, una profesión que exige estudio permanente, preparación y capacidad de adaptación.
Pero detrás de esa trayectoria profesional aparece otra dimensión: la de alguien que, aun habiendo construido su vida lejos, sigue encontrando maneras de aportar a la cultura de su provincia. Tal vez por eso, cuando suena un chamamé en París, el Sena y el Paraná parecen estar un poco más cerca.

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