
Miguel Tomasella, productor tomatero de Santa Lucía, aseguró a Nord24 que, por el momento, las heladas no generaron daños importantes en sus cultivos, aunque reconoció que las bajas temperaturas ralentizan el desarrollo de las plantas y representan una amenaza para futuras floraciones.
“Todavía estamos bien, pero el frío frena el crecimiento y hay casos donde las heladas queman las flores y la planta ya no se recupera”, explicó.
Respecto al impacto en los precios, el productor señaló que la situación es compleja y que los valores que recibe el sector están lejos de reflejar los costos reales de producción. Mientras en algunas verdulerías el kilo de tomate ronda los 2.000 pesos, indicó que los productores llegan a vender cajones de 20 kilos entre 15.000 y 18.000 pesos, cifras que considera insuficientes para cubrir gastos.
Tomasella remarcó que el incremento constante de los costos de combustible, insumos y mantenimiento dificulta alcanzar la rentabilidad. “Con 18.000 pesos por cajón no cerramos los números. Estamos trabajando prácticamente para cubrir gastos y, en muchos casos, perdiendo más dinero del que ganamos”, sostuvo.
La falta de rentabilidad también está modificando las decisiones productivas. Según explicó, numerosos productores optaron por reducir la superficie destinada al tomate y reemplazarla por otros cultivos con menores riesgos económicos. En su caso, decidió cultivar solo una parte de lo habitual y mantener guardadas instalaciones e insumos a la espera de un escenario más favorable.
El productor expresó preocupación por el futuro de la actividad si las condiciones actuales persisten. “Uno trabaja para ganarse el pan de cada día, pero si seguimos así el tomate no va a tener más salida. La situación viene muy complicada y no vemos una mejora en el corto plazo”, concluyó.



