Hace 20 años, el Teatro de la Ciudad nació como un sueño. Un proyecto que, con el trabajo, la voluntad y el compromiso de muchísimas personas, se transformó en una hermosa realidad y en un espacio de referencia para la cultura de la ciudad de Corrientes.
Pero un teatro es mucho más que un edificio, una sala o un escenario. Es, fundamentalmente, una construcción colectiva. Es el resultado de años de trabajo compartido, de proyectos, ensayos, funciones, talleres, encuentros, aprendizajes y sueños que encontraron un lugar donde hacerse realidad.
Durante estas dos décadas, el Teatro de la Ciudad se convirtió en un espacio de construcción de identidad y ciudadanía, de democratización del acceso a la cultura, de formación y experimentación artística. Un laboratorio de creación, un semillero de futuros artistas y un lugar donde muchas personas tuvieron su primera experiencia sobre un escenario, descubrieron una vocación o encontraron una oportunidad para expresarse.
También fue y sigue siendo un espacio de construcción de tejido social. Porque la cultura genera vínculos, promueve el encuentro y nos permite reconocernos en el otro. Pero, además, genera trabajo y movimiento económico: artistas, técnicos, docentes, productores, diseñadores, vestuaristas, escenógrafos y numerosos trabajadores encuentran en estos espacios oportunidades de desarrollo y empleo local. La cultura también produce economía circular y fortalece las comunidades.
En estos 20 años pasaron muchas personas. Algunas ya se fueron de gira, como nuestro querido Maestro Dante Cena, dejando una huella imborrable en esta historia. Otras continúan sosteniendo el proyecto, mientras una nueva generación de artistas y trabajadores culturales se incorpora y siente que este espacio también le pertenece.
Y quizás ese sea nuestro mayor logro: haber construido un profundo sentido de pertenencia. Para muchos, el Teatro de la Ciudad es su segunda casa; un lugar de trabajo, creación, formación, contención y encuentro con otros que comparten una misma convicción: apostar por la cultura de Corrientes.
Nada de esto sucedió por casualidad. Fue posible gracias al compromiso de distintas generaciones que aportaron su tiempo, conocimientos, trabajo y, muchas veces, sus propios recursos para sostener este proyecto colectivo.
Es importante decirlo: durante estos 20 años, el Teatro de la Ciudad se sostuvo mediante la autogestión. Ni el Municipio, ni la Provincia realizaron aportes económicos destinados a su funcionamiento y sostenimiento cotidiano. Cada mejora, reparación y equipamiento fueron posibles con recursos generados desde el propio espacio, el trabajo de sus integrantes y algunas líneas específicas de apoyo del Instituto Nacional del Teatro, que permitieron, en una primera etapa, acondicionar y equipar la sala.
Creemos que 20 años son tiempo más que suficiente para demostrar capacidad de gestión, compromiso social y cultural, y el valor de un trabajo colectivo que involucró a cientos de personas. Un espacio cultural que funciona, que genera oportunidades y que ha demostrado su aporte a la comunidad merece tener garantizada su continuidad y la posibilidad de proyectarse a largo plazo.
Un nuevo comodato por otros 20 años permitiría consolidar lo construido, planificar nuevas acciones y seguir aportando al desarrollo cultural de Corrientes. En otros contextos, una experiencia de estas características probablemente sería motivo de reconocimiento y acompañamiento institucional. Sin embargo, hoy esa posibilidad parece lejana y debemos salir a defender la continuidad de un proyecto que lleva dos décadas demostrando su valor.
Parafraseando al escritor, profesor, antropólogo y crítico cultural argentino Néstor García Canclini: “El problema de las políticas culturales estatales es que suelen estar más preocupadas por inaugurar edificios o financiar eventos efímeros que por dar continuidad y sostenibilidad a los procesos y gestiones que ya han demostrado ser exitosos”.
Quizás allí esté una de las cuestiones centrales: la cultura no se construye solamente inaugurando espacios o realizando eventos; se construye sosteniendo procesos, acompañando experiencias y garantizando la continuidad de aquellos proyectos que han demostrado su importancia para la comunidad.
Hoy no estamos defendiendo únicamente un inmueble ni un nuevo comodato. Estamos defendiendo 20 años de historia, de trabajo, de construcción colectiva y de aporte a la cultura de Corrientes. El Teatro de la Ciudad no pertenece solamente a quienes lo gestionan: también es de quienes pasaron por su escenario, aprendieron en sus talleres, disfrutaron de sus espectáculos, encontraron aquí un lugar para desarrollar su profesión y contribuyeron a construir esta comunidad.
Los espacios culturales no se improvisan, no se construyen de un día para otro y no se reemplazan simplemente con otro edificio. Se construyen con tiempo, con personas, con vínculos, con memoria y con pertenencia.
Por la continuidad del Teatro de la Ciudad.




